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Juan Morote

De serie B

Tiene Pilar Bardem la misma imaginación para amenazar que talento para actuar. La bravuconada de matar al que le sugiera ser cejatera, es más propia de un cacique cortijero, tras una intensiva ingesta de alcohol, que de nadie con dos dedos de frente.

Juan Morote
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¿Se imagina usted a Edward G. Robinson amenazando a alguien de muerte por insinuar que fumase puros? ¿En qué quedó aquella famosa frase de Michael Corleone reprobando la actuación de su pupilo por dejar entrever en público lo que pensaba? ¿Se imaginan a la protagonista de Kill Bill anunciar sus acciones? Ni de casualidad. Claro, uno no cuenta nunca con que los mamandurrios del cine patrio conozcan nada susceptible de ser ignorado. De esta forma, la que compartía el reparto de rosas con la etarra Goirizelaia, la mamá del novio de "Pe", Pilar Bardem, se permite el lujo de amenazar a quienes la identifiquen con la ceja zapaterina.

Esta individua ha depuesto: "A quien diga que soy de la ceja lo mato". ¡Uh, qué miedo! Creo que no voy a poder conciliar el sueño esta noche. Ya no existen gansters como los de antes, echo mucho de menos las películas en blanco y negro en las que Edward G. Robinson, con batín de seda y cigarro en mano, despachaba un asesinato sin ninguna alusión al inminente finado. Cuando directores como John Houston iniciaron la prolífica senda del cine negro adaptando a la gran pantalla obras de autores como Dashiell Hamet, los malos eran de otra pasta. Sin pretender recorrer la senda de los treinta años gloriosos del meritado género, tenemos ejemplos recentísimos de magníficos extorsionadores que jamás profirieron una amenaza explícita en público. Así, quién no recuerda al Luca Brasi de Mario Puzzo, magistralmente suavizado en El Padrino por Coppola. ¿Por qué estos pijoprogres, de puño en alto y bolsillo rebosante, no aprenden de maestros como Elia Kazan, Stuart Heisler, Robert Wise, Michael Curtiz, y tantos otros que forjaron lo que se conoce como el cine negro americano?

Pues sencillamente porque estos iletrados de la ceja, se crean o no cineastas, no son nadie desde el punto de vista artístico. Su inspiración no va más allá de lo que Tobe Hooper nos mostró en La matanza de Texas. En definitiva, tiene esta señora la misma imaginación para amenazar que talento para actuar. La bravuconada de matar al que le sugiera ser cejatera, es más propia de un cacique cortijero, tras una intensiva ingesta de alcohol, que de nadie con dos dedos de frente. Siempre he pensado que el anunciar en público abrirle a alguien la cabeza como un melón, esconderle una navaja en el abdomen o simplemente cortarle el cuello, es un gesto zafio en grado sumo. ¿Dónde quedan las ofertas irrechazables de don Vito Corleone?

En suma, nos encontramos ante la enésima lamentable actuación de Pilar Bardem, más propia de un film de inicio de los Cohen, una rayada de Paul Verhoeven o un desliz del peor Tarantino. Aunque de verdad creo que con el jersey, las gafitas y la bufanda no pasa de una peli española de serie B, que ya es bastante.

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