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Juan Morote

El carajal del Cabañal

El recién ganador de las primarias socialistas ha desmontado en un día el mayor argumento de oposición que sus correligionarios habían utilizado durante dos años. Una escena realmente conmovedora.

Juan Morote
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La alcaldesa de Valencia, al margen de tener garantizada su reelección mientras el cuerpo le pida presentarse, posee ese don que Napoleón exigía para el ascenso a general, es decir, tiene suerte. Ayer, mientras se hallaba en Bruselas, los socialistas valencianos protagonizaron otro sainete made in el PSPV (Partido Socialista del País Valenciano, ya que aún no se han enterado de que su denominación es extraestatutaria). Se trataba del asunto del barrio de El Cabañal. Es un barrio marinero de Valencia, donde algunas construcciones muy degradadas impiden la apertura de Valencia al mar. La avenida que conecta el centro de Valencia con la playa, antaño denominada avenida Valencia al mar, termina en una espantosa estación de tren de hormigón construida por los socialistas.

En el proyecto de apertura hacia el mar se contemplaban muchas obras de rehabilitación del barrio y la recuperación de todas aquellas casas que albergaran un mínimo interés arquitectónico. De hecho, este proyecto le sirvió a Rita para ganar por primera vez unas elecciones en el barrio afectado. Los socialistas valencianos, dado que están ayunos de discurso alternativo desde hace años, pensaron, con Fernández de la Vega al mando, que podían obtener una victoria logrando la paralización de las obras. Así fue, se adujo un expolio delirante y consiguieron que los tribunales detuviesen las actuaciones. Sin embargo, la invectiva de los progres quedó ahí, no saben qué proponer para el barrio. Ahora ya se han ido los ocupas y los alborotadores, han desaparecido las pancartas, los hijos de los progres de diseño, ataviados con harapos, han vuelto a sus pisos del centro, y en el Cabañal solo están los vecinos, con su esperanza de mejora frustrada por los del "no" a lo que sea. Junto a ellos siguen campando a sus anchas los delincuentes del narcotráfico, que han convertido zonas de este barrio en una gran madriguera.

Parecía que nadie se acordaba ya del Cabañal, que continuaría su languidecimiento imparable, perdido en el expediente yacente en la mesa del secretario del juzgado. En esta tesitura aparece Joan Calabuig, próximo candidato a la alcaldía de Valencia por el PSPV-PSOE, y dice que se muestra partidario de pactar la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. Sólo un pequeño arrebato de sensatez en quien acaba de aterrizar ha provocado la zozobra en las huestes progres. Y es que Calabuig no quiere ser el responsable de la debacle municipal que se le viene encima al PSPV. Cuando María Teresa Fernández de la Vega utilizó el Ministerio de Cultura para paralizar la recuperación del Cabañal, la ciudadanía lo percibió como una injerencia intolerable en las competencias municipales; y claro, el PSOE no puede jugar a más federalista que nadie, salvo que no le convenga, en cuyo caso se torna una fuerza centrípeta insoportable.

Así, el recién ganador de las primarias socialistas ha desmontado en un día el mayor argumento de oposición que sus correligionarios habían utilizado durante dos años. Una escena realmente conmovedora: el delegado del Gobierno redefiniendo su posición apenas se hacían públicas las declaraciones de Calabuig. Más lentos y torpes han estado el ignoto líder del PSPV Jorge Alarte y la portavoz municipal, la exministra Carmen Alborch. Lo dicho, vamos a tener a los socialistas irRITAdos una buena temporada.

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