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Juan Morote

El sueño de Polanco

El resultado será una derecha que ya no será tal, que habrá traicionado a sus bases, que habrá renunciado a su posicionamiento ideológico mayoritario, el liberal-conservador, y que probablemente nunca volverá a gobernar.

Juan Morote
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Hiede la cúpula del Partido Popular; hiede a podredumbre, a miseria, a mentira, a cobardía. Siempre me enseñaron que lo peor de la cobardía es que hace actuar mal a los buenos. Pues bien, Rajoy y sus secuaces han impuesto en Génova la ley del descrédito sobre María San Gil. Curioso sentido de la renovación. El único delito de María ha sido querer poner fin a la farsa, quitar algunas caretas; pero eso ha sido entendido como contrario a la renovación.

El cabecilla del PP, no contento con lo anterior, ha decidido renovar el partido incorporando a la dirección del mismo a Alberto Ruiz-Gallardón. Esto sí merece un comentario detenido, ya que Rajoy parece haber tomado a todos los militantes por idiotas. Que no se confunda, que una cosa es que la militancia esté amordazada por las normas que les han sido impuestas para el Congreso, y otra muy distinta que le guste. Rajoy cree que los que pagan las cuotas y los votantes van a tragar con el megalómano de correos, o sea, el alcalde, Gallardón.

Este sujeto, el amigo de don Jesús del gran poder, como le llamaba García cuando era García, habla del centro como si lo hubiese inventado él. No se quiere acordar que cuando él ostentaba la Secretaría General de Alianza Popular, partido de derechas, era la UCD quien ocupaba el espacio político que se denomina "el centro".

Bueno, pues, hete aquí que el cabecilla del partido y el alcalde se han puesto de acuerdo para actuar en comandita contra los principios que han informado la acción política del Partido Popular durante los últimos doce años. En el Foro de ABC, el alcalde señalaba esta semana que se debe volver a ocupar "el centro" del espectro ideológico; pues eso fue lo que permitió a Aznar ganar dos elecciones. Lo que no nos ha explicado el alcalde es que, si durante estos últimos cuatro años el único presidente del PP ha sido Rajoy, habrá que atribuirle a él ese abandono del centro.

Por su parte, el cabecilla del Partido Popular se ha aprestado a señalar que hay que moverse, aunque tampoco nos ha dicho en qué dirección. Sin embargo, esto lo podemos intuir fácilmente: hay que moverse hacia donde diga Cebrián, o lo que es lo mismo, Gallardón.

Si finalmente se perpetra la jugada, llegaremos a un sistema de bipartidismo perfecto. Por un lado, un Partido Socialista seguidor de todos los -ismos caracterizadores de la progresía como son: feminismo, pacifismo, ecologismo, multiculturalismo... Y por otro lado, un Partido Popular que desarrolla un seguidismo mimético de la izquierda. Eso que llamaba Polanco "una derecha moderna". Es decir, bizcochable, pastueña, domesticada.

El resultado será una derecha que ya no será tal, que habrá traicionado a sus bases, que habrá renunciado a su posicionamiento ideológico mayoritario, el liberal-conservador, y que probablemente nunca volverá a gobernar. Aunque cumplirá la elevada misión de ser la coartada perfecta para consolidación del cambio de régimen. Lo dicho, el cabecilla y el alcalde, esto es, Rajoy y Gallardón, van a materializar el sueño que Polanco no pudo realizar.

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