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Juan Morote

Entre las cejas, libertad

Me da asco ver cómo quienes llamaban a la COPE en busca de una intervención siquiera de medio minuto, y luego decían de forma que no les cabía en la boca "¡Menos mal que está Federico en la COPE!", son los que ahora miran para otro lado

Juan Morote
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Ha pasado una semana desde que comenzara uno de los juicios más lamentables de nuestra historia reciente, que ahora se reanuda. Diríase que es el último intento, hasta hoy, de poner coto a la capacidad crítica de los comunicadores, de cercenar su libertad.

La única diferencia entre quienes aplauden el encausamiento de Federico o lo que este implica y los asesinos de Terra Lliure que atentaron contra él (algunos de cuyos militantes son hoy distinguidos representantes del pueblo español, ya sea en el Parlament de Catalunya, ya sea en el Congreso de los Diputados o en el Senado), estriba en el arma utilizada, ondas y papel por balas. La diferencia, sin duda, no es menor, pero resulta idéntica la intención, acallar a Federico y, sobre todo, lo que representa.

Me da asco ver cómo quienes llamaban a la COPE en busca de una intervención siquiera de medio minuto, y luego decían de forma que no les cabía en la boca "¡Menos mal que está Federico en la COPE!", son los que ahora miran para otro lado, al tiempo que aseveran con voz engolada que esto ya se veía venir, que si el tono era muy agresivo y demás gilipolleces propias de cobardones adocenados por el presupuesto.

Federico ha permitido algo que en un momento nos pareció impensable a muchos: que el espíritu indómito de Antonio Herrero no pereciera en las aguas de Marbella y que no desapareciera con él su capacidad crítica contra el establishment de la derecha. Recuerdo cuando los bienpensantes al uso decían que no se podía oír Antena 3 Radio. Fue el momento en el que Antonio inició una cruzada por la limpieza y la transparencia en la financiación del Partido Popular. Por aquel entonces acababa de saltar el caso Naseiro, acompañado por Sanchís y Palop (que en paz descanse). Recordará el lector más veterano que esto sucedió justo después del Congreso de Sevilla, el de la refundación popular, en el año 1989.

Los prebostes genoveses creyeron que, a partir de la muerte de Antonio, la COPE era suya y sus comunicadores también. No son capaces de entender nada. Con la llegada de Federico se las prometían muy felices. Tenemos a uno de los nuestros para darles caña, era el superficial análisis que eran capaces de hacer los del machito pepero. Como no entienden lo que es la libertad, siguen creyendo que el mundo se divide en amigos y enemigos. Karl Schmitt en estado puro.

Qué vergüenza me produce ver a Soraya Sáez de Santamaría en Prisa tan cordial, tan afable, tan domesticada, como una pointer de buen pedigrí y mejor adiestrador; me produce náuseas que sean don nadies vestidos de lo mismo los dirigentes de un gran partido. Y es un gran partido entre otras cosas porque existe alguien, como Federico, que despierta a media España cantando las verdades de la progresía con una valentía a toda prueba.

No se trata de plasmar un ejercicio de adulación, como sin duda pudiera pensar algún mediocre en cuyas manos haya caído este artículo, sino de reconocimiento y de ánimo. Federico es responsable de que toda una generación de españoles hayamos caminado por los escritos de Mill, Hayek, Mises, Dicey, Smith, Tocqueville o Revel en lugar de transitar los páramos de lo políticamente correcto.

Decía una canción de Leño, una de las mejores bandas de rock que salieron de la movida madrileña: "Apuesto que somos dos o muchos más, seguro que en conexión es importante. Si tienes entre las cejas libertad, no te pierdas en mirar, tira p´alante."

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