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Juan Morote

Homenaje a la vaciedad

¡Quién lo hubiera dicho! Tantos años estudiando para llegar a la conclusión de que la uniformidad en el criterio, sin importar cuál sea este, el aborregamiento universalizado, reporta de modo inmanente bienestar y empleo. ¡Qué elocuencia!

Juan Morote
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Habló ayer don Juan Carlos, no se sabe por boca de quién, si ya de Aza, o ya de Dezcallar; si de Blanco o de Pajín; o de todos a la vez, o sea, de Zapatero. Como últimamente me refiero a los últimos treinta años, no recuerdo un solo discurso del Rey digno de alabanza. Ya sé que su majestad es irresponsable desde el punto de vista político, que siempre hay alguien que refrenda sus actos; es precisamente ese conocimiento el que me hace cuestionarme por qué no ha perdido una oportunidad de oro para permanecer callado.

Estoy hastiado de los discursos vacíos, fatuos, hueros, plagados de lugares comunes y ayunos de contenido alguno. Ayer, en León, don Juan Carlos se despachó con una alocución compuesta por una sarta de naderías envueltas en lo mismo. Llamó a la unidad y a trabajar todos juntos para superar la crisis. ¿Qué significará "todos juntos"? Por más vueltas que le doy no dejo de percibir la finitud de mi intelecto, pero no hallo respuesta alguna. ¿Todos juntos arruinamos al contribuyente y salimos de la crisis? ¿Todos juntos llevamos al país a la quiebra y asunto arreglado? ¿Todos juntos nos ciscamos en la nación española y problema solucionado?

De verdad que no lo entiendo. Sin duda mi limitación intelectual me impide percatarme de la bondad de la unidad como algo mítico, totémico, sagrado; probablemente mi error venga de tener la Fe puesta solo en Dios. La elevación del procedimiento a la categoría de solución irrefutable, es propio del positivismo más trasnochado. Claro que hablarle de Hans Kelsen o de Uberto Scarpelli, a los escribidores de su majestad, sí es de ser ignorante. Sólo cuando se sabe para qué hacemos algo, podemos ponernos de acuerdo en el cómo. Así, el método democrático es el mejor para organizar la comunidad política, no obstante, no es el idóneo para educar a un niño. Por lo tanto, lo importante no es ponernos de acuerdo, sino discernir adecuadamente qué es lo mejor para España en el momento en que nos encontramos.

Abunda el Rey en su error, cuando dice que si trabajamos todos juntos recuperaremos la dinámica de crecimiento, empleo y un mayor bienestar. A mí, particularmente, lo de trabajar todos me suena a chufla cuando tenemos más de cinco millones de parados. Y este desempleo se debe a la gestión de aquél que le inspira los discursos. Cuando a lo anterior añade que así seguiremos progresando con solidez y solidaridad, quedo presa de un estado de estupefacción profunda. Es decir, el hecho de ir todos juntos aunque no sepamos hacia dónde, generará un efecto benéfico del cual manará trabajo y bienestar. ¡Quién lo hubiera dicho! Tantos años estudiando para llegar a la conclusión de que la uniformidad en el criterio, sin importar cuál sea este, el aborregamiento universalizado, reporta de modo inmanente bienestar y empleo. ¡Qué elocuencia!

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