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Juan Morote

La falacia de Moratinos

La excarcelación de cincuenta presos políticos para enviarlos al destierro no es una buena noticia. Es como si alguien te atropella en un paso de cebra y te tienes que alegrar porque sólo te ha roto una pierna.

Juan Morote
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Estoy de acuerdo con Carlos Alberto Montaner cuando escribía en este periódico que la mediación de la Iglesia puede ser importante para ayudar a la democratización de Cuba. Si bien esto será así, si y solo si la jerarquía de la Iglesia cubana asume que la aproximación de la Iglesia al comunismo sólo ha servido, como decía Carrillo, para que muchos curas se hagan comunistas y sin embargo ningún comunista se haga cura.

Es admirable el ejemplo de Guillermo Fariñas, Orlando Zapata, las damas de blanco y tantos otros bloggeros, disidentes y creadores de pensamiento (decir alternativo sería redundante) frente a la homogeneidad paupérrima intrínseca al socialismo real. Si bien a nuestro ministro de Exteriores no se lo parece. A Moratinos nada le parece lo que es: creía que el terrorista Arafat era un egregio jefe de Estado, piensa que los terroristas de Hamas que viajan so capa de barcos de ayuda humanitaria son cooperantes, considera a Ahmadineyad un ejemplo de solvencia política, estima que George W. Bush nunca fue un presidente legítimo de los EEUU, y un sinfín de disparates más. Esto seguro que tiene algún nombre en psiquiatría, si bien yo lo ignoro.

La excarcelación de cincuenta presos políticos para enviarlos al destierro no es una buena noticia. Es como si alguien te atropella en un paso de cebra y te tienes que alegrar porque sólo te ha roto una pierna. Exactamente este es el caso de la dictadura castrista. Niega sistemáticamente la condición de personas a sus ciudadanos y los convierte en meros instrumentos al servicio de la revolución. De este modo, cualquier resistencia operada se trata simplemente como una anomalía en el mecanismo que hay que aislar (encarcelamiento) o suprimir (ejecución). Así, el socialismo castrista atenta contra la dignidad de cada uno de los cubanos cada vez que les priva del ejercicio de los derechos de que son titulares, en virtud de esta.

Asumiendo lo negativo de la noticia, por derivar de una situación aberrante ocasionada por un Estado asesino, el destierro que se impone a los disidentes hará que dejen de temer por sus vidas cada noche. Cuando apaguen la luz no habrá un esbirro de los Castro rondando su celda. En cambio, seguirán temiendo por la vida y por la libertad de sus seres queridos, porque serán el próximo objetivo de la red de delatores y policías del régimen socialista cubano. Cada llamada de teléfono les llenará de congoja. Su angustia seguirá mientras la democracia no sea una realidad en Cuba, aunque supongo que esto tampoco lo entenderá Moratinos.

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