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Juan Morote

Los martes a la sombra

El entusiasmo con que han apoyado la manifestación algunos destacados socialistas, casi la deja con menos credibilidad que a Cagancho en Almagro.

Juan Morote
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Allá por el año 2002, Fernando León de Aranoa a la dirección, y Elías Querejeta en la producción, depusieron una proyección cinematográfica denominada Los lunes al sol. Perpetraron esta basura fílmica seis años después de haber llegado Aznar al poder, haber enderezado el rumbo de nuestra economía y haber dado trabajo a dos millones de los parados que dejó Felipe González. Por si esto no fuera suficiente para estos progres, España fue capaz de absorber socialmente y proporcionar empleo a más de un millón de emigrantes.

Claro, para el credo progre esto era manifiestamente intolerable. No podía ser que un señor de derechas generase las condiciones idóneas para crear empleo y, además, fuese el artífice de la entrada en el euro, y por si lo anterior fuera poco, hubiese conseguido que España obtuviese un papel relevante en el concierto internacional. Como muestra de agradecimiento le rodaron Los lunes al sol, justo cuando avistábamos el pleno empleo.

Ayer salieron nuestros heroicos sindicalistas a las calles de las principales ciudades a deponer otra producción, esta vez para las televisiones. Las dos actuaciones tienen bastantes puntos en común. Veamos: en primer lugar, ambas, tanto la peli para el cine como la mini manifestación de ayer, se han sufragado con dinero público. En uno y otro caso ha sido indiferente el éxito de público, ora Querejeta ora los sindicatos y sus liberados, todos pastan en el presupuesto. Y lo que es más grave, en entrambas se trata de mostrar adhesión inquebrantable, y muy prietas las filas, al credo progre.

Tiene bemoles que el lema de la pantomima de manifestación haya sido: "En defensa de las pensiones. No al retraso de la jubilación. La solución no es recortar la protección social". Habría que preguntarles a estos individuos qué entienden por protección social. Parece que no se han dado cuenta que la edad media de vida y, por tanto, la edad media de vida laboral operativa se ha alargado en más de veinte años; en cambio, en idéntico período, la vida laboral se ha recortado. Si a esto unimos un descenso considerable de la natalidad, y que la asfixiante presión impositiva está empujando a una parte importantísima de la actividad económica (supera el 23%) a pasarse al lado oscuro de la economía sumergida, nos hallamos ante un problema irresoluble para la izquierda.

Cuando en este país los sindicatos deciden moverse, o sea, salir en defensa de sus liberados, que es lo único que les importa, los gobiernos suelen padecer repentinamente flojera de remos. Es decir, les tiemblan las piernas tal que castañuelas. Si bien no es el caso. Se trata de una mera representación, aunque el entusiasmo con que han apoyado la manifestación algunos destacados socialistas, casi la deja con menos credibilidad que a Cagancho en Almagro. Estos escasos manifesteros han salido martes por la tarde, no vaya a ser que si la convocan un domingo por la mañana, a la gente, que está hasta el gorro del Gobierno, le dé por ir y genere la impresión de que los sindicatos están dispuestos a poner en un aprieto al Gobierno.

José Luis Rodríguez ha vuelto a insistir en que quienes han convocado la manifestación saben que el Gobierno les escucha, ¡no hombre no, ni siquiera les oye! La AVT de José Alcaraz sacó a la calle a más de un millón de ciudadanos y los chicos de Zapatero se mofaron de ellos, con Bono de actor principal, y unos policías de reparto. Ahora que cinco millones de personas se pasan los lunes y todos los demás días al sol, salen estos paniaguados a protestar por el retraso en la edad de jubilación, eso sí, martes y a la sombra.

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