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Juan Morote

Manel i Albert al Paral.lel

Las declaraciones de Manel i Albert son esperpénticas, a saber, se han declarado los defensores acérrimos de aquello que se engloba bajo el paraguas de lo catalán en el centro de la Meseta.

Juan Morote
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Muchas son las parejas que han poblado la literatura destinada a los más pequeños. Tampoco han faltado dúos en la pantalla de la televisión. Nos acordamos de Zipi y Zape, pasando por Mortadelo y Filemón, Pixi y Dixi, o Piolín y Silvestre. Algunas parejas se han granjeado su fama en el cine, como Bonnie y Clyde, y otras lo han hecho en la arena política. De estas últimas fue muy coreada la de Felipe y Alfonso. ¿Se acuerdan del: "¡póntelo Felipe, pónselo Alfonso!"? Pues bien, nada comparado con la pareja más de moda en la política, la que conforman Alberto y Manolo, más inseparables que Camarón y Tomatito, se ha ido a dar lecciones a Cataluña.

Lo del alcalde de Madrid hubiera resultado una musa impagable en manos de don Ramón María, ¡madre mía dónde hubiera quedado don Friolera! Este sujeto acompañado por su espejo, es decir, Manolo Cobo, se ha marchado a Cataluña a presentarse como adalid de la catalanidad en Madrid. Diríase que han ido a exhibir el show de Manel i Albert al Paral.lel, no me dirá el lector que no suena bien. Si hablásemos de unos cómicos intentando ganarse la vida honestamente, me parecería respetable. En cambio, como se trata de dos tarambanas intentando hacer la vida imposible a su partido y a sus correligionarios, ya no me merece un juicio tan benévolo.

Las declaraciones de Manel i Albert son esperpénticas, a saber, se han declarado los defensores acérrimos de aquello que se engloba bajo el paraguas de lo catalán en el centro de la Meseta, y por si fuera poco también sus leales portavoces. Puestos a precisar, además de voceros valedores, se han autocalificado como amantes de Cataluña. No sé exactamente lo que significa esto, uno puede amar a su tierra, sus recuerdos, sus vivencias, pero se me antoja harto complicado, por no decir ridículo, amar lo que no se ha vivido. Además, ¿por qué dice el alcalde que ama a Cataluña, y no al resto de España? ¿En qué espera que su amor sea correspondido? Parece más bien una farsa interesada.

Este chico y su compinche también han hablado de tender puentes entre la capital del Reino y Cataluña. Si semejante afirmación proviniese de otro, pensaría que está hablando en sentido metafórico, pero conociendo la querencia de Gallardón a la megalomanía, no sé si deberíamos tomárnoslo en serio e iniciar una declaración de prodigalidad antes de que perpetre su plan para acabar de arruinar lo que quede de España. La buena cuestión es que esta pareja se ha marchado a hacer méritos a Cataluña, como si ambos tuviesen que pedir perdón por ser de Madrid, y el status de ciudadanía europea lo otorgasen en el otrora Comtat de Barcelona. Así, y puestos a ganarse el favor de público y crítica, deberían haberse anunciado como Manel i Albert al Paral.lel.

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