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Juan Morote

Más problemas

Fue la demostración de que el encauzamiento del descontento de los votantes de derechas de la Comunidad Valenciana es posible y, además, tiene un líder, de bastante más talla política, moral y humana que muchos de los que no se bajan del coche oficial.

Juan Morote
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El pasado lunes acaeció en Valencia un acontecimiento político de gran calado que ha pasado prácticamente desapercibido para la prensa de Madrid, y también para la de Valencia. En un céntrico hotel, y convocados por el Foro de Opinión, se reunieron representantes de casi todos los sectores de lo que aquí se llama el valencianismo político. Esta especie de tercera vía es un movimiento de derechas, no nacionalista, que partiendo de la defensa de España como nación y como proyecto político de conjunto, trata de poner en valor las señas de identidad esenciales de los valencianos y preservarlas de la colonización catalanista.

Al acto asistieron diversos políticos, muchos ya retirados, otros relegados y algunos plenamente en activo, y destacaba en este sector una elevada representación municipal. El acto también contó con una nutridísima representación de las distintas organizaciones culturales que desde los blasquistas, hasta los resistentes miembros de la Real Academia de Cultura Valenciana, pasando por músicos, pintores o actores, consideran que el valencianismo está huérfano.

La figura que ha sido capaz de aglutinar todo este movimiento es Fernando Giner, presidente de la Diputación Provincial de Valencia en los tiempos en que Zaplana era presidente de la Generalidad. Haciendo honor a la verdad, hay que resaltar que Fernando Giner es de los pocos políticos valencianos de los que todo el mundo habla bien. Durante el acto se pudo constatar que el hartazgo con la política poco firme en la defensa de lo valenciano por parte del Gobierno de Camps, tiene toda la pinta de desembocar en la creación de un nuevo proyecto político. El valencianismo ya tuvo su momento de gloria entre los años 87 y 95, logrando representación parlamentaria en tres legislaturas seguidas, aunque acabó diluido en el PP.

Si bien en el momento actual, creo que ese movimiento tiene mucho más futuro, al actuar como catalizador de una pluralidad de intereses y descontentos heterogéneos. Esto en política, al menos a corto plazo, suele funcionar. La presencia de dos ex consellers de los gobiernos de Zaplana, como Alicia de Miguel y Miguel Peralta, en el acto, denota algo más que un mero gesto de amistad con Giner. El ex de la Diputación afirmó que, para su manera de ver las cosas, la política no se concibe fuera del humanismo cristiano, pero sí necesariamente lejos de los demócrata-cristianos con quienes aseguró no tener nada en común; esgrimió la defensa de la familia, entendida como familia tradicional; apeló a la recuperación del papel del individuo en la sociedad; exigió la restauración de los principios liberales que han fundamentado la sociedad occidental; y por supuesto, la defensa de la lengua valenciana, cada día más amenazada.

Esta semilla que de un modo casi espontáneo fue depositada el pasado lunes, debe hacer recapacitar al Gobierno del Consell, al margen de otras reflexiones que puedan quedar pendientes. No fue una broma, fue la demostración palmaria de que el encauzamiento del descontento de los votantes de derechas de la Comunidad Valenciana es posible y, además, tiene un líder, de bastante más talla política, moral y humana que muchos de los que siguen sin bajarse del coche oficial. A lo mejor es precisamente por este motivo. Lo dicho: más problemas.

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