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Juan Morote

Paradojas de Bermejo

El Gobierno es ontológicamente una paradoja, encarnada en que está compuesto por frikis. Estos singulares ministros nos deleitan con la formación y la preparación de Aído, con el savoir faire de Magdalena Álvarez o con el temple y la flema de Bermejo.

Juan Morote
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Balbuceaba Bermejo que le parecía una paradoja el que los jueces vayan a la huelga y sin embargo el diálogo social funcione de un modo fluido. Lo paradójico es lo limitado de su capacidad de discernimiento, que no le permite percibir la diferencia entre un currante de a pie y un magistrado. Pero se me ocurren unas cuantas paradojas más de este Mariano y del Gobierno al que pertenece.

La huelga es una paradoja en sí misma, porque se asombra de la huelga quien no ha permitido otra salida a jueces y magistrados y quien, además, en un ejercicio de chulería, ha puesto a los jueces en situación de sentirse unos meros empleados de un capataz que les niega el pan y la sal. Deviene paradójico que con esta huelga, Bermejo haya conseguido que todo un poder del Estado no tenga más remedio que comportarse como un grupo de asalariados.

Resulta igualmente paradójico que el ministro de Justicia comparta mesa, mantel, fermentados y otros, con el protagonista de una persecución básicamente mediática contra representantes del Partido Popular. Ya veremos como, según es costumbre en los sumarios de Garzón, hay mucho ruido y pocas nueces.

Otra paradoja es que sea Bermejo quien realice una matanza en compañía de otros, entre ellos Garzón, al más rancio estilo patrio. Sólo les faltaban en la cacería un cura facha y un catalán con la querida en Madrid. En el "acto cinegético" fueron abatidos venados, muflones, cabras hispánicas y de paso entre tirito y tirito (de fuego, se entiende) hablaron de cómo mejorar la posición del PSOE, partido de ambos, en los procesos electorales en marcha.

El actual Gobierno de España es ontológicamente una paradoja, encarnada en que está mayoritariamente compuesto por frikis o, como diría García, por bultos sospechosos. Estos singulares ministros nos deleitan con la formación y la preparación de Bibiana Aído, con el savoir faire de Magdalena Álvarez o con el temple y la flema de Bermejo. ¿Se acuerdan del famoso "bermejo significa rojo, coño"? ¡Qué elocuencia!

Paradójico es que el ministro se gastase más de cincuenta millones de pesetas tuneando un pisito propiedad del Ministerio, ya previamente reformado, cuando un altísimo número de ciudadanos no podían, ni pueden, pagar su hipoteca.

Otra paradoja radica en que un Gobierno agotado, sin ideas, vacilante, confuso, se aferre a sus icónicos culpables de todos los males como son Bush y Aznar, y en cambio sea incapaz de proponer nada mínimamente sensato para facilitar la salida de España de la crisis económica y de identidad que padece.

Paradoja es que el Gobierno del Partido Socialista, entonces en la oposición, no tuviera ningún reparo en utilizar a la SER y a toda su caterva mediática para condicionar el resultado de unas elecciones, manipulando convenientemente el alto grado de emotividad social generado por doscientos asesinatos y más de un millar de heridos, y ahora venga dando lecciones de ética a los jueces y magistrados. No es menos paradójico que el Gobierno socialista, para pagar los favores recibidos de PRISA, se haya lanzado a los brazos de su competidor mediático.

Paradójico es que sea España el país de toda la Unión Europea con mayor tasa de desempleo y, para remediarlo, el Gobierno se dedique a regalar bombillas, a fomentar los coches eléctricos, a aumentar el déficit público, o a gastar más en televisiones públicas o coches oficiales, que todo Estados Unidos.

En definitiva, la presencia de Bermejo en el Ministerio de Justicia es sin duda una paradoja triste, casi macabra. La de los socialistas frikis en el Gobierno, simplemente un insulto a la inteligencia.

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