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Primer rejón

Ha llegado la ocasión que más gusta a la ciudadanía: la de pillar a alguien con las manos en la caja. Y no sólo le han pillado al yerno con la mano en el zurrón público, sino que todo apunta a que la implicación de la infanta es cuestión de tiempo.

Juan Morote
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Como todos los taurinos conocen a la perfección el primer rejón que se pone al toro es el rejón de castigo. La suerte del rejoneo es una suerte muy desigual ideada más al lucimiento de los caballos y la doma de los mismos, que realmente a nada que tenga que ver con el arte del toreo. Así, el toro va de engaño en engaño, sin posibilidad real alguna de atrapar al burlador que es el rejoneador. Si me autoriza el símil el lector, diría que se ha colocado a la monarquía el primer rejón de castigo desde la reinstauración de la legitimidad dinástica, aquel catorce de mayo de mil novecientos setenta y siete.

La jugada de Urdangarín va a cambiar la percepción que de la monarquía tenían todos los españoles y esto también va a afectar al Rey; sobre todo, tras algunas acciones cuanto menos dudosas, del propio monarca, tales como su actuación tras el 11-M o su posicionamiento claramente progubernamental en la negociación del Gobierno de Zapatero con la ETA, sin hablar de su ontológica inclinación a la izquierda, que es y siempre será antimonárquica. Ha llegado la ocasión que más gusta a la ciudadanía: la de pillar a alguien con las manos en la caja. Y no sólo le han pillado al yerno con la mano en el zurrón público, sino que todo apunta, Spottorno el primero, a que la implicación de la infanta es cuestión de tiempo.

Junto a lo anterior, la familia real nos ha acostumbrado a un comportamiento poco coherente con la tradición que ampara la figura. Hasta ahora, la familia era ante todo modelo de familia. En cambio, la familia real actual, ya no es tan real. Ninguno de sus miembros se ha casado con miembros de la nobleza o de otras casas reales europeas. De esta forma, los primeros en romper la inercia de la tradición han sido ellos. Si además resulta que alguno de sus miembros ya por consanguinidad, ya por afinidad, se ha dedicado a trincar dineros públicos, que son de todos, los primeros responsables del desafecto ciudadano a la monarquía en su conjunto son sus propios miembros.

Es falso el tópico de que la familia real resulta más cara al contribuyente que una presidencia de la república, de hecho, la nuestra es la familia real más barata de todas las europeas, hasta la holandesa gasta más del doble que la nuestra. Dicho lo anterior, considero un grave error la publicidad de las cuentas de la casa real. Quienes lo han solicitado reiteradamente no dudarán en seguir pidiendo más detalle, y el detalle en estos casos siempre es ridiculizable, especialmente si se aborda con demagogia y cierta acritud. El resultado es que el futuro de la monarquía empiezo a verlo del color del dinero que proviene del trinque, y del de la capa de la mayoría de toros, negro o muy negro.

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