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Juan Morote

Victoria en el CIS: Epiro o Baviera

Si el PP hubiera ejercido una oposición dura, constructiva pero más firme, con mayor coherencia, y sobre todo defendiendo la vida y la nación como se merecen, ahora aventajaría al PSOE en diez o doce puntos.

Juan Morote
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En el día después de la dimisión de Bárcenas como tesorero del PP, aunque más que haber cesado parece haber suspendido el ejercicio público del cargo (pues ha pactado que no se le nombre sustituto), nos encontramos con que el Centro de Investigaciones Sociológicas se ha dado cuenta de que el PP aventaja en intención de voto al PSOE por vez primera desde hace años.

La noticia ha sido acogida con frialdad por los militantes y cargos electos del Partido Popular quienes no se acaban de fiar, y en esto sí que aciertan, de la cocina de Rubalcaba. El aparecer por delante en el CIS no deja de ser un pequeño balón de oxígeno, al menos en apariencia, para Mariano Rajoy. Desde que el popular fue reelegido presidente y candidato, los acontecimientos electorales se han traducido en una victoria por la mínima en las elecciones gallegas, un descenso del treinta por ciento de votos en el País Vasco y una victoria muy ajustada en las europeas, estas últimas caracterizadas por una abstención importante.

Ante los resultados obtenidos y los previsibles, son dos las lecturas que pueden hacerse de los mismos. La oficialista nos dirá que la línea moderada y de oposición amable preconizada por Rajoy tras la derrota popular en 2008 va poco a poco dando sus frutos. Así, sus defensores pretenden llegar al poder con dos argumentos clave: el primero de ellos consiste en aprovechar el desgaste que supone para el gobierno la crisis económica junto a su inacción frente a la misma; y en segundo lugar, en mantener una posibilidad de pacto con los nacionalistas, fundamentalmente los catalanes, para tratar de volver a La Moncloa como en 1996. Esto justificaría algunas decisiones difícilmente entendibles prima facie por el electorado popular, tales como el apoyo al FROB o la abstención sobre el nuevo modelo de financiación autonómica.

La segunda interpretación se basa en una posición crítica con Rajoy. A saber, si con la que está cayendo, casi cinco millones de parados, miles de millones de euros despilfarrados en ayudar a la banca, los empresarios cabreados, los autónomos ahogados, la nación hecha unos zorros, Moratinos haciendo el ridículo, la vida en formación vilmente despreciada y unos cuantos disparates más... el PP con su discurso conciliador sólo aventaja al PSOE en un tubular, si se me permite el símil ciclista. Por lo anterior, si el PP hubiera ejercido una oposición dura, constructiva pero más firme, con mayor coherencia, y sobre todo defendiendo la vida y la nación como se merecen, ahora aventajaría al PSOE en diez o doce puntos.

Pero nunca sabremos quién tiene razón hasta que lleguen las próximas elecciones generales. No obstante, en ese momento habrá que tener en cuenta la frágil memoria política de los españoles: en las elecciones influirá más el calendario de los seis meses precedentes que los disparates de siete años de errores en el gobierno. En consecuencia, no conoceremos si las victorias de Rajoy serán como las de Pirro frente a los romanos o, como decía Hitler a sus generales, si el PP camina de victoria en victoria hasta la derrota final.

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