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España, la hermana pobre de Grecia

¿Por qué ZP presta a Grecia al 5% cuando puede hacerlo a Alemania al 3%? ¿Ha colocado también su propio dinero en deuda griega? ¿Por qué entonces obliga a los españoles a que dilapiden el suyo en las turbias finanzas helenas con recochineo de por medio?

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Si uno no tomara ya a Zapatero por el pito del sereno, por una persona que sólo sabe intercalar mentiras y disparates en sus discursos, el hecho, entre grotesco y ridículo, de que el presidente del Gobierno de España afirme que debemos dejar de comparar a España con Grecia para no perjudicar al país heleno, sería para expatriar inmediatamente capitales.

Sin embargo, por fortuna sabemos que nuestra economía no está tan mal como la de Grecia, aunque un par de años más de Zapatero al frente del Ejecutivo podrían acercarnos al temido escenario. Porque sí, Grecia tiene una deuda pública que asciende a más del doble de la española, pero España tiene una deuda privada que es más del doble de la de Grecia.

En agregado, nuestra economía muestra un apalancamiento mayor que el de Grecia, sólo nos salva que el sector privado tiende a poseer una disciplina sustancialmente superior a la del público. En Grecia es el Estado quien tiene riesgo de quiebra y éste sigue gastando muy por encima de lo que tiene y puede llegar a tener en los próximos 20 años; en España es el sector privado quien atraviesa dificultades y, mal que bien, está tratando de solventarlos mediante crecientes niveles de ahorro destinados a desapalancarse y adquirir algo de solvencia.

Es por esto que la herencia económica que Zapatero está legando a los españoles sí podría llegar a asustar a los griegos: el eslabón débil de nuestra economía –familias, empresas y bancos– se ve subyugado por regulaciones absurdas que le impiden reajustarse y recuperar competitividad y, para más inri, el Estado no ceja de endeudarse a ritmos históricos, arramblando con un ahorro privado que podría haber ido dirigido a financiar proyectos empresariales o a reducir aún más el endeudamiento, y a subirles los impuestos a todos aquellos que todavía siguen realizando alguna actividad productiva en el mercado (ya sea consumir, invertir, buscar y encontrar un trabajo...).

Tan absurda es la política presupuestaria del Ejecutivo que se concede el lujo no sólo de contribuir al rescate de Grecia, sino de vanagloriarse de que ganaremos dinero con la operación. Por supuesto, todos los gobiernos europeos entran en el plan de rescate como un cordero en el matadero porque van a forrarse con la operación. Del mismo modo, los mercados financieros deben de estar exigiéndole a Grecia un tipo de interés que casi duplica aquel con el que se contenta Zapatero porque no saben del tema: sólo nuestro Gobierno tiene la visión suficiente para comprender el muy lucrativo negocio que supone prestarle al 5% a un país casi quebrado. Desde luego, ZP ni ha leído ni ha oído hablar del padre de la inversión, Benjamin Graham, quien en su gran obra Security Analysis sentenciaba:

Dado que los bonos son una inversión con un rendimiento limitado, nuestro objetivo principal debería ser el de evitar perder dinero: la selección de qué deuda adquirir es esencialmente un arte negativo. Es el proceso de excluir y rechazar más que el de buscar y aceptar.

Si hiciéramos caso a Graham (y deberíamos) podríamos plantearnos unas graciosas preguntas. ¿Está diciendo Zapatero que ha elegido juiciosamente invertir en deuda pública griega después de un proceso de purga de las alternativas inferiores? ¿Acaso ha intentado minimizar las posibles pérdidas de capital? ¿Por qué entonces presta a Grecia al 5% cuando puede prestar a Alemania a valores cercanos al 3%? ¿Ha colocado también su dinero, el de su mujer y el de sus hijas en deuda griega? ¿Por qué en ese caso obliga a los españoles a que dilapiden el suyo en las turbias finanzas helenas con recochineo de por medio?

Por supuesto que Zapatero no habrá puesto ni un euro de su bolsillo para "especular" en deuda griega, aunque me barrunto que tampoco lo habrá hecho con deuda pública española. Tal vez porque espera seguir gobernando y, en tal caso, incluso la griega podría ser un mejor refugio.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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