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Juan Ramón Rallo

La primera factura del megadespilfarro de Obama

El dinero que pretende ahorrarse Obama subiendo los impuestos "a los ricos" equivale al coste por intereses de la deuda emitida durante sus dos años de mandato.

Juan Ramón Rallo
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Dice Barack Obama, ese visionario sucesor de Franklin Delano Roosevelt –el presidente responsable de que la Gran Depresión se prolongara hasta poco tiempo después de su muerte–, que Estados Unidos no se puede permitir que las reducciones fiscales "a los ricos" que aprobó Bush en 2001 se conviertan en permanentes. Cifra Obama el coste de tal medida en 700.000 millones de dólares a diez años vista, esto es, unos 70.000 millones de dólares al año.

Mucho dinero, desde luego, y más en un país que este año exhibirá un déficit de 1,1 billones de dólares. Sin embargo, el problema de la decisión es que, por muy malos y explotadores que sean los ricos, son ellos quienes invierten, montan empresas y generan empleo. Y no, no estoy hablando retóricamente: cada vez que se erosiona la rentabilidad del capital, algunos ahorradores se vuelven menos proclives a seguir ahorrando y por tanto a seguir conservando e incrementando su equipo de capital.

No piense en abstracto. El equipo de capital, las inversiones, se corresponden con las empresas, las máquinas, las redes de comunicaciones, el gasto en I+D o incluso los fondos que pagan los salarios de los trabajadores en una economía. Menor ahorro es menos recursos para todo eso y por tanto menos y peor crecimiento. No se grava solo a los ricos –que tampoco entiendo, razones populistas al margen, por qué deben ser el blanco preferido de todos los intervencionistas– sino a todos nosotros, que deberemos aceptar salarios más bajos, productos más caros y un menor dinamismo empresarial (por no hablar de una rentabilidad más baja sobre nuestras inversiones).

Podría pensarse que Obama ha heredado esta situación y que no tiene ninguna responsabilidad en ella. "Es malo subir impuestos, pero inevitable en las actuales circunstancias". Pero no, el Gobierno federal de Estados Unidos gastará este año más de 3,5 billones de dólares; hay margen de sobra para recortar 70.000 millones, apenas el 2% de todo el despilfarro federal. De hecho, el nefasto de Obama se pulió él solito 700.000 millones en un plan de estímulo que no ha servido para nada salvo para disparar el volumen de deuda pública. Es más, en 2009 y 2010, los años en los que Obama ha estado al timón, el déficit federal–al que Bush también contribuyó– sumó 2,5 billones de dólares. ¿Adivinan cuál es el coste en forma de intereses de esa brutal emisión de deuda? A un conservador tipo de interés del 2,5%, el Gobierno estadounidense debe pagar cada año alrededor de 65.000 millones de dólares para sufragar los intereses de los excesos de juergas pasadas, prácticamente la cantidad que ahora Obama quiere ahorrarse exprimiendo a "los ricos" y al resto de la sociedad.

No, no es el momento de subir aun más los impuestos, sino de recortar el gasto. Los desembolsos anuales del Gobierno federal estadounidense equivalen a unas tres veces el PIB de toda la economía española. ¿Acaso podemos siquiera pensar que una organización política, sin precios ni disciplina de mercado, es capaz de organizar racionalmente unos recursos equivalentes a tres veces toda la producción de nuestro país? No, no pueden: su gestión está llena de ineficiencias y torpezas por todas partes. Lo imperativo es que esos ingresos reviertan a sus propietarios y no que pasen a manos de unas burocracias que, aparte de filtrarlas a los lobbys de turno, sólo los dilapidan como los hubiera dilapidado cualquier otro Estado socialista.

Pero Obama prefiere cebar la bestia estatal en lugar de meterla en cintura. Para eso llegó al poder y, sin duda, está cumpliendo al dedillo con los más tenebrosos pronósticos.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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