Menú
Juan Ramón Rallo

Obama allana el terreno a las renovables

El sistema eléctrico que quiere copiar Obama para Estados Unidos implicaría una subida de alrededor el 30% del precio de la electricidad. ¿Y quiénes serán los sectores más afectados por este aumento? Pues, entre otros, las acerías.

Juan Ramón Rallo
0
Una de las primeras medidas que pretende aprobar Obama para reactivar la economía ha sido la de introducir un arancel a la importación de acero en Estados Unidos. Aunque podamos pensar –y en parte es cierto– que la propuesta va dirigida a resucitar uno de los más nefastos episodios de la Gran Depresión (al arancel Smoot-Hawley que dinamitó todo el comercio internacional a partir de 1930), en realidad su objetivo es mucho más primario y pragmático.

Decía Mises que toda intervención del Gobierno generaba nuevas intervenciones dirigidas a tratar de corregir los fallos de las anteriores. Y en este caso no puede ser más cierto. Dentro de dos semanas, Obama presentará en el Congreso una de sus iniciativas estrella en política económica: su plan de inversión en energías renovables para crear empleo.

El propio Obama reconoció hace pocos días que su proyecto está inspirado en España, donde viene aplicándose aproximadamente desde el año 2000. Pues bien, siendo así, es posible que el presidente de Estados Unidos ya sepa cuáles han sido las nefastas consecuencias que ha tenido para nuestro país y esté tratando de ocultarlas ante los congresistas.

Dado que las energías renovables son mucho menos eficientes que las fuentes tradicionales, el precio de la electricidad en España debería haber aumentado correspondientemente a partir del año 2000. Sin embargo, el Gobierno impidó, por "motivos sociales", que el precio de la electricidad, fijado por tarifa, se incrementara lo suficiente como para compensar a las eléctricas el sobrecoste productivo de las renovables. Este desfase entre el precio al que se vende la electricidad y el precio al que en teoría lo suministrarían para rentabilizar su inversión es lo que ha dado lugar a buena parte del célebre "déficit tarifario" en España.

Este déficit tarifario, sin embargo, no es una suma que vayan a perder las eléctricas (ya que en ese caso dejarían de operar en España) sino una cuantía que el Gobierno les asegura que recuperarán en el futuro. ¿Cómo? Pues mediante subidas futuras del precio de la electricidad. Dicho de otra manera, el Ejecutivo limita ahora el precio que pagamos para subírnoslo sobreproporcionalmente en los años venideros.

¿Y cuánto deberían subírnoslo para compensar el déficit tarifario que en buena medida han generado las subvenciones a las renovables? Según la Comisión Nacional de la Energía, un 31%. Cuestión distinta es que el Gobierno, por los mismos motivos populistas que no los elevó en el año 2000, no esté dispuesto a incrementar en esa proporción los precios y tenga que recurrir a otras vías (por ejemplo, pagarles a las eléctricas el déficit tarifario con cargo al presupuesto).

Dicho de otra manera, el sistema eléctrico que quiere copiar Obama para Estados Unidos implicaría una subida de alrededor del 30% del precio de la electricidad en su país. ¿Y quiénes serían los sectores más afectados por este aumento? Pues, entre otros, las acerías, empresas muy intensivas en el uso de la electricidad. De hecho, Acerinox se deslocalizó de España a Sudáfrica y Estados Unidos, entre otros motivos, por la imposibilidad que tenía nuestro país de garantizarle a largo plazo un precio competitivo de la electricidad.

Y aquí es donde entra la propuesta de Obama de incrementar los aranceles sobre la importación de acero. Si implanta su plan de energías renovables, resulta previsible que ante los elevados costes de producción, las acerías tiendan a deslocalizarse a otros países con menores precios de la electricidad para seguir exportando su acero a Estados Unidos. Pero claro, si los aranceles sobre el acero se incrementan, sólo podrán venderlo si no salen del país.

Al final, la propuesta de Obama no evitará la destrucción de empleo en la economía, ya que o bien sólo reducirá los márgenes de beneficios de las acerías o, más posiblemente, encarecerá dos factores productivos básicos de la industria estadounidense: la electricidad y el acero. Un error absoluto que sólo agravará todavía más la depresión. Con la excusa de crear puestos de trabajo, destruirá muchos otros en el resto de la economía.

Por cierto, y como nota al margen, uno de los argumentos que están empleando los demócratas para nacionalizar la industria del automóvil es promover su reconversión hacia los automóviles eléctricos. ¿En qué sentido se cree Obama que estimulará las ventas de estos coches si les encarece dos inputs tan básicos como el acero y la electricidad? ¿O es que vamos a subvencionar su precio para que los sobrecostes se los vuelvan a tragar las pocas industrias rentables que vayan quedando?

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios