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¿Qué número es mayor: 10 ó 126?

Culpar a Goldman de la crisis y olvidarse de los monstruos de Freddie Mac y Fannie Mae que ellos contribuyeron a crear sólo ilustra que más que a desmontar el chiringuito, Obama se dedica a cambiarle la decoración.

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En medio de esta oleada ultraintervencionista emprendida por el Gobierno de Obama, respaldada por numerosos "intelectuales" del régimen y dirigida a asaltar a los bancos como si de armas de destrucción masiva se trataran, hay algunos detalles que pasamos por alto. No seré yo quien defienda a Goldman Sachs y demás entidades financieras que medran y se lucran gracias al fraudulento sistema monetario actual, donde un banco central tiene la capacidad para refinanciar casi sin límite las posiciones de iliquidez de los banqueros privados. Ya sabe: "si no puede pagar no se preocupe que yo le presto... y el ciudadano que se coma la inflación y el pésimo crédito".

Sin embargo, para todo hay límites. Goldman será muy malo, pero infinitamente peores son quienes han defendido y sostenido el sistema financiero que permite que Goldman se comporte de ese modo. Por mucho que ahora los Obama, Geithner y cía vayan de defensores del pueblo oprimido, sólo buscan concentrar las culpas en ese muñeco de paja al que llaman mercado para expandir todavía más sus redes de poder. Acusan a Goldman de ser un calamar vampírico que envuelve toda la economía, pero son ellos quienes realmente aspiran a socializarlo y dominarlo todo.

Bien, decía que convendría tener en cuenta algunos detalles que en este caso se suelen pasar por alto. Por ejemplo, si Lehman Brothers era tan malo, tan malo, tan malo como para falsificar sus cuentas mediante ciertas tretas como el repo 105, ¿qué decir entonces de Freddie Mac y Fannie Mae? Estas dos compañías, creadas, patrocinadas, respaldadas y aplaudidas por el Gobierno federal y el Congreso, manipularon sus balances en 2003 y 2004, inflando sus fondos propios en 5.000 y 10.000 millones respectivamente. ¿Le parece poco? Considerando que la primera tenía un capital de 31.000 millones y la segunda de 22.000 no parece escasa la cosa.

Pero no nos centremos en la opacidad, en la manipulación deliberada de sus cuentas para, al fin y al cabo, cumplir con ese mandato público que tanto entusiasmaba a republicanos y sobre todo demócratas de "extender las viviendas en propiedad por todo el país y por toda clase social". Vayamos al desastre concreto que armaron.

Si según los Obama boys Goldman Sachs y los de su ralea, esos avaros especuladores sin escrúpulos, son los culpables de la crisis, entonces se debería notar en las pérdidas que han sufrido durante la crisis, ¿no? Bueno, pues Goldman apenas necesitó de una inyección pública de 10.000 millones para no quebrar que ya fueron devueltos en junio (en realidad ni siquiera eso habría requerido, pues Warren Buffett habría metido gustoso su dinero antes de dejarlo quebrar). ¿Saben cuánto han necesitado hasta la fecha esas niñitas de los ojos de la clase política estadounidense? ¿Saben cuánto dinero han perdido estas dos compañías que regalaban generosamente dinero para las campañas electorales de todos los políticos, pero especialmente a las de los demócratas (Obama se llevó la interesante cifra de 126.000 dólares para llegar a donde está ahora)? Fannie Mae ha necesitado, por ahora, de 75.200 millones de dólares y Freddie Mac de 50.700 por parte del Tesoro para no quebrar (y estas sí, para no quebra); un dinero que a diferencia de Goldman no devolverán jamás.

¿Qué es más? ¿10 ó 126? Yo diría que 126, pero los políticos de Washington lo deben saber mejor. Entre Bush y Obama les han regalado un millón de veces más dinero del que estas compañías entregaron generosamente (repito) a la campaña del senador por Illinois. 126.000 dólares frente a 126.000 millones. De momento a las empresas les sale a cuenta y a los políticos parece que también. Por eso cargan contra el mercado cuando son ellos los responsables últimos de este desaguisado. Culpar a Goldman de la crisis y olvidarse de los monstruos de Freddie Mac y Fannie Mae que ellos contribuyeron a crear sólo ilustra que más que a desmontar el chiringuito, Obama se dedica a cambiarle la decoración.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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