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Juan Ramón Rallo

¿Y si Bernanke tuviera razón?

Con un poco de suerte, el mercado volverá a ir por delante de los políticos y la economía resurgirá antes de que puedan hundirla definitivamente.

Juan Ramón Rallo
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Ayer el presidente de la Reserva Federal ofreció una entrevista en la CBS donde mostraba su optimismo acerca de que la crisis en Estados Unidos terminara a finales de este año. En su opinión, dado que se ha evitado la quiebra del sistema bancario, la recuperación está a la vuelta de la esquina.

Aunque desde luego es arriesgado efectuar este tipo de predicciones –y Bernanke no cuenta con un gran historial en este sentido, por ejemplo en 2005 aseguraba que no existía ninguna burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y que, por tanto, no se produciría ninguna crisis–, el presidente de la Reserva Federal podría estar en lo cierto, aunque por razones distintas a las que tiene en mente.

Recordemos que las crisis son la consecuencia natural a un proceso generalizado de malas inversiones inducido por los bancos centrales. Casi todos los agentes económicos han sido conducidos al error por el sistema bancario y toca reestructurar la economía. ¿Y cómo se reestructura una economía? Básicamente purgando todas las malas inversiones: con quiebras y particiones empresariales, con reducciones del tamaño de mercados enteros, con despido de factores productivos, con caídas de precios de los activos y con un incremento del ahorro. Una vez que las malas inversiones se hayan corregido, la crisis termina y se inicia la recuperación sobre una base más sólida que antes.

El problema de las crisis suele ser que la población aguante estoicamente al ver como pierde su empleo o como el valor de sus patrimonios se hunde temporalmente. En caso de impaciencia y malestar, la petición más lógica es que el Gobierno intervenga para evitar el ajuste; es decir, en lugar de un ajuste brusco para volver a crecer se opta por el estancamiento secular en la mediocridad. Japón es un ejemplo claro de que la no liquidación de las malas inversiones perpetúa la crisis.

¿Pero ha ocurrido esto en Estados Unidos? Bueno, sólo en parte. En la economía norteamericana el único mercado que estaba significativamente inflado era el inmobiliario y hasta diciembre de 2008 los precios de las viviendas ya habían caído un 30% desde su punto más alto, lo cual elimina prácticamente toda la sobrevaloración de su precio y permite dar nuevos bríos a este sector. Muchas empresas han quebrado y la economía se está reorganizando con fusiones, adquisiciones y liquidaciones de activos.

En cierto sentido puede que los políticos hayan llegado demasiado tarde para impedir el ajuste: por ejemplo, aunque se ha evitado que algunos bancos quebraran, estos se encuentran en un estado vegetal a la espera de certificar su defunción o de recapitalizarse cuando la economía se recupere, por lo que sólo en parte se ha evitado que enajenaran sus activos en el mercado. Lo mismo sucede con el milmillonario plan de Obama; los fondos públicos no empezarán a gastarse hasta bien iniciado 2010 y mientras tanto la economía continuará ajustándose. Con un poco de suerte, el mercado volverá a ir por delante de los políticos y la economía resurgirá antes de que puedan hundirla definitivamente.

Así, el profesor Jesús Huerta de Soto, uno de los pocos economistas en todo el mundo que ha sido capaz de predecir y explicar la crisis con una teoría completa sobre la misma, lleva meses pronosticando que la recesión estadounidense adoptará la forma de V, es decir, una caída muy brusca y rápida que dé paso a una pronta recuperación.... siempre y cuando, como tampoco se cansa de repetir, los políticos no metan su pata sobre las empresas e impiden su reestructuración.

De hecho, lo único que le falta a Estados Unidos para volver a crecer es un mayor desapalancamiento que incremente el peso de los fondos propios sobre la deuda acumulada; pero dado que este desapalancamiento ya se ha producido en los activos de peor calidad, el proceso que les queda por delante debería ser menos doloroso que el ya vivido.

Así pues, pese a todo, Bernanke podría estar en lo cierto, aunque ni los riesgos han desaparecido ni convendría olvidar que toda su política ha ido dirigida a evitar que se produzca ese ajuste que permitiría la recuperación que ahora predice. Al fin y al cabo, las reducciones de tipos de Bernanke iban dirigidas a evitar que los precios de la vivienda siguieran cayendo (abaratando el crédito hipotecario), aun cuando esto fuera uno de lo requisitos básicos para la recuperación. Afortunadamente, hasta ahora, su política monetaria ha sido estéril: ni ha evitado la quiebra de bancos (eso fue obra de Paulson) ni la deflación de precios de activos, y gracias a ello la recuperación está más cerca.

Otra cuestión, claro, es el caso español, donde los precios de la vivienda apenas se han corregido y donde la única reestructuración productiva tiene lugar vía destrucción de empleo. Aquí no tenemos una economía tan flexible como en Estados Unidos y eso se nota y se seguirá notando en el futuro.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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