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Antelme, Morin y la condición humana

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Ha habido que esperar más de cincuenta años para que, al fin, una editorial española (Arena Libros) se decidiera a publicar La especie humana, el libro donde Robert Antelme da testimonio de su experiencia en los campos de deportados, y con el que cumple su doble labor de mártir, en el sentido actual del término y en el sentido que, en griego antiguo, tenía esta palabra, es decir «testigo».

Este libro guarda grandes paralelismos, incluso literarios, con el otro gran libro–testimonio de aquella época ominosa, que sin embargo ha tenido más suerte en español, Si esto es un hombre, de Primo Levi. Ambos insisten en su deber de testimoniar, de contar: «¿Cómo resignarnos a dejar de explicar cómo habíamos llegado a esto?», dice Antelme: «Nosotros, los que escapamos a los campos, somos testigos, y todo testigo está obligado, incluso por la ley, a responder de forma completa y verídica», dice Levi.

Pero hay diferencias. Entre otras, una muy significativa que se refiere a sus respectivos destinos literarios. Una vez cumplida su misión, Robert Antelme, que siempre perteneció al mundo literario, que trabajó en la editorial Gallimard y escribió artículos, no volvió a publicar ningún otro libro, mientras que Primo Levi, que era químico de profesión, se convirtió en escritor y siguió publicando libros regularmente hasta su suicidio, en 1987.

Antelme tenía 27 años y estaba casado con la escritora Marguerite Duras cuando entró, junto a Dionys Mascolo (amigo de la pareja y amante de ella) en la Resistencia. Ahí es donde lo conoció Edgar Morin, que ayer presentaba en Madrid la versión española del libro. En 1944, Antelme fue detenido por la Gestapo y tras la correspondiente tortura, fue deportado. Pasó por Buchenwald, Gandersheim y Dachau donde, tras una fuga novelesca organizada por François Mitterrand, escapó en 1945, a punto ya de morir de inanición..

Morin cuenta que, al recuperarse, Antelme sintió la necesidad (la misma que empujó también a Primo Levi a recurrir a la literatura) de narrar lo que había vivido y pensó en titular su libro El año cero, pero como quería demostrar que, en contra de lo que pudiera parecer, la crueldad es uno de las características fundamentales del ser humano y que tanto víctimas y como verdugos participan de esa misma condición, decidió finalmente adoptar este otro título, más en consonancia con sus pretensiones.

Morin volvió a encontrar a Antelme en su convalecencia. Por entonces, Robert colaboraba enEl patriota resistente, el órgano de expresión de la Federación de antiguos deportados. Duras, Mascolo, Antelme, Monique –su nueva mujer–– y el propio Morin, entraron por aquella época en el PCF, que había sufrido bastantes bajas a raíz del pacto germano soviético. Ninguno de ellos tenía muchos puntos en común con la cúpula del PCF, y su peculiar «resistencia cultural» (Morin dixit) les costó la expulsión, hacia 1950.

Morin recordó, a este respecto, una anécdota. Estaba todo el grupo en un café, dando un repaso sarcástico a los máximos responsables del PCF, cuando dos de los asistentes se marcharon. Uno de ellos era Jorge Semprún, otro famoso superviente de los campos. Poco después llegaba a las alturas un informe contando por lo menudo todo lo que allí se había hablado.

Hace unos dos años, a raíz de un libro que se publicó sobre este tema, Monique Antelme, ya viuda (Robert murió 1990) recordó este episodio y mencionó a Jorge Semprún como a uno de los responsables de la expulsión de su marido y de los demás –entre otros, ella misma– Jorge Semprún escribió un largo artículo rechazando tales acusaciones.

Según Edgar Morin, Semprún no miente. Al contrario, imbuido de su papel de hombre íntegro, está sinceramente convencido de que no tuvo nada que ver con todo eso. Parece complicado ¿pero cómo no creer a un testigo directo (me refiero a Morin) que precisamente ha escrito un libro titulado El pensamiento complejo?

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