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11-M

Demasiado fácil

Durante estos días mucha gente se encuentra desorientada, confusa. No sólo hay que bregar con el dolor de los atentados, de cuyo alcance emocional en la población ya nos estamos haciendo cargo, sino con la jactancia, la petulancia y la desfachatez de las “buenas gentes de izquierda” que se pavonean estos días como si hubieran ganado una guerra y no unas elecciones. Es muy fácil dar la vuelta a las situaciones y a los argumentos y especular sobre lo que hubieran hecho ellos si ciertas cosas que han preparado su “triunfo” hubieran sucedido al revés.
 
Si las sedes del PSOE e IU hubieran sido asediadas por militantes de derechas, vociferando e insultando a miembros de un gobierno, democráticamente elegido, la víspera misma de las elecciones, como ha ocurrido con las sedes del PP. Si los medios de comunicación de derechas (¿pero los hay?) hubieran incitado a ello, como han hecho en este caso El País, la cadena SER y la CNN y sus sucursales en el extranjero.
 
Si no hubieran dejado hablar en las Universidades, por ejemplo, a Juan Luis Cebrián, como no se le ha permitido hablar a Fernando Savater; si algunos de los que se expresaron en las decenas de plataformas “cívicas” con sede en el Ateneo y el Círculo de Bellas Artes –pongamos por caso, Vicente Aranda, o Julio Meden– hubieran tenido el viernes pasado, durante las manifestación de los dos millones, que refugiarse en cafeterías y hoteles, huyendo de las amenazas y los empellones de una hipotética y enfurecida derecha madrileña, como tuvieron que hacer ese viernes ciertas personas que a lo largo de estos años han apoyado al PP o a Aznar y que fueron empujadas e insultadas por una izquierda ya definitivamente abertzale además de Atapuerca.
 
Si los dirigentes del PSOE e IU, hubieran sido agredidos, como lo fueron los del PP, en Barcelona, por una multitud engreída y vociferante durante las manifestaciones contra los atentados;. En fin, podríamos especular muy bien sobre lo que hubieran dicho ante todos esos avatares. Pero ¿para qué? Es demasiado fácil.
 
Afortunadamente no todo el mundo está contaminado por la agitación y propaganda me(r)diática (que diría Georges Perec). Una lectora de LD me manda una intervención en un foro de Internet que ella misma ha traducido del inglés, claramente fechada antes de las elecciones, de la que les extraigo lo siguiente:
 
 “Al Qaeda ha hecho una operación de reconocimiento muy inteligente, de las de ganar de todas todas, con su ataque a España (o incluso solamente con una reivindicación del ataque, si en eso consiste toda su participación). Al perpetrar (o reivindicar) una iniquidad de bulto en un país con un gobierno “proguerra” y una población dubitativa en vísperas de unas elecciones generales, consiguen averiguar si es probable que las masas de Europa planten cara y combatan, o se acobarden y echen a correr. Sea lo uno o lo otro, se informan a la vez que hacen una demostración de fuerza para sus potenciales seguidores.
 
“Si España vota a un gobierno izquierdista, antiguerra, como resultado de estos ataques (y ya que los sondeos mostraban ventaja por los conservadores en el poder antes de los ataques, no es insensato suponer que una victoria socialista sea resultado de los ataques) Al Qaeda habrá logrado una victoria estratégica contundente: tan contundente que podría ser un punto de inflexión en la guerra.”
 
“Este proceso pacifista de concesiones, es a la vez fascinante y profundamente preocupante. Es fascinante por seguir un patrón tan similar al de los años veinte y treinta (ingenuidad popular que conduce a los gobiernos a aguas peligrosas), y preocupante porque el carácter del enemigo excluye la posibilidad de que haya “una raya en la arena” coherente más allá de la cual no se “nos” pueda empujar. El enemigo puede seguir empujando más y más, sabiendo que Occidente, casi con certeza, ni puede ni quiere destruir al mundo islámico por entero por trincar sólo a los pocos perpetradores.”
 
“Mi esperanza es que el pueblo español sienta tal repugnancia ante estos ataques y ante la vergonzosa explotación oportunista por parte de los izquierdistas, que acuda en masas a respaldar al gobierno actual (…)”
 
Su esperanza se ha frustrado. No la nuestra, que sigue viva hasta las próximas elecciones.

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