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Libro del día 3

El poeta total

La poetisa rusa Anna Ajmátova decía que en poesía contemporánea los españoles eran dioses y los rusos semidioses. Si me permito traer a colación esta cita para hablar de un poeta al que ella (que murió en 1966), seguramente, no pudo conocer es porque Claudio Rodríguez se inscribe en esa tradición de poesía pura, de alta calidad, que contribuye a consolidar esa idea, ya tan extendida, de que la poesía española contemporánea es una de las mejores del mundo.

Nacido en Zamora en 1934 y muerto en Madrid en 1999, Claudio Rodríguez es el exponente más joven de la llamada “generación del 50” y, a mi entender, uno de los más intensos y sostenidos de todos ellos. Su producción no es tan extensa como la de otros pero desde luego bastante más coherente.

Desde que en 1953 se revelara como un verdadero “niño prodigio” de las letras al publicar El don de la ebriedad, con el que había ganado el premio Adonais (Rimbaud no era mucho mayor cuando escribió El barco ebrio) hasta 1991 con Casi una leyenda, el poeta mantiene intacto su estro poético sin recurrir a artificios inútiles que hubieran alargado de forma innecesaria su obra.

Quizás por eso ha sido tan unánime su aceptación por parte del público y de la crítica, y apenas hay discrepancia en el momento de admitir su valía. Nunca han sido más merecidos todos los premios que fue recibiendo a lo largo de su vida: el de la Crítica, el Nacional, el Príncipe de Asturias, el Reina Sofía, ni creo que a nadie le haya parecido un dislate su incorporación a la Academia Española.

Tusquets recoge ahora esos cinco libros perfectos con los que nos ha regalado, según el texto fijado por él mismo. No hay pues variantes, ni añadidos superfluos, sino poesía pura y dura del principio al fin, como se puede ver en estos ejemplos que abren su trayectoria y la cierran de manera certera y asombrosa, extraídos respectivamente del primer poema de su primer libro y del último poema del libro con el que concluye su obra.

Oh, claridad sedienta de una forma,/de una materia para deslumbrarla/Quemándose a sí misma al cumplir su obra./Como yo, como todo lo que espera,/Si tú la luz te las has llevado toda,/¡cómo voy a esperar nada del alba? (Don de la ebriedad)

Tú no sabías que la muerte es bella/ … /Que la luz nunca olvida y no perdona,/más peligrosa con tu claridad/tan inocente que lo dice todo:/revelación/y ya no puedo ni vivir tu vida,/y ya no puedo ni vivir mi vida/con las manos abiertas esta tarde/maldita y clara. (Casi una leyenda)

Claudio Rodríguez, Poesía completa (1953-1991), Tusquets, 2001, 377 páginas.