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Ir por lana y salir trasquilados

La espantada de Tamayo y Saéz a lo que primero movió a muchos madrileños fue a la risa. Una carcajada incontenible atravesó el Manzanares y corrió después por los demás ríos, arroyos y pantanos de la comarca y por todas las autopistas, autovías, carreteras (nacionales, comarcales, de circunvalación, o meras carreteras de montaña) para rebotar en la calle Ferraz de Madrid como un boomerang, pero uno muy especial, hecho de chapapote, falso pacifismo, brindis prematuros (¿es que no saben que celebrar algo antes de conseguirlo trae mala suerte?) aplausos y la penosa fiesta en La Arganzuela, de la que curiosamente nadie habla, ¡pero qué buenos somos!

Lo malo de esta historia es que es ridícula pero no risible. Hace reír pero no tiene gracia, porque sus protagonistas, en lugar de aceptar que han perdido porque tenían manzanas podridas en la cesta, se dedican a acusar al PP de aprovecharse de la situación, que es como reprochar al Pisuerga que pase por Valladolid. Al echar balones fuera para culpar a los demás, el PSOE pierde, a cada balón, un voto; además, con la maña que se dan para meterlos en su propia portería, conseguirán que la supuesta trama inmobiliaria “de fuera” acabe destapando alguna supuesta trama inmobiliaria “de dentro”, como rumorean muchos descontentos del PSOE que, sin formar parte del grupo expulsado, se resisten a estar representados por un inexperto y un mediocre, rodeado de bastantes más “elementos dudosos” que los que han salido a relucir en esta “crisis”.

Total, que aquel día, en la Asamblea de Madrid, convertida en un improvisado Esquileo, los socialistas fueron por lana y salieron trasquilados por los de su propio rebaño. Ahora, además de un culpable, tendrán también que buscar un “limpia”, como el que en la película de Tarantino, Pulp Fiction, iba recogiendo los cadáveres.