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El País e Ignacio Echevarría

La carta de los setenta y cuatro

A vueltas con lo de Ignacio Echevarría y el cirio que efectivamente se ha montado en El País al respecto. Como esto no puede quedar así, a alguien, y me imagino a quién, le debe oler ya la cabeza a pólvora. Tiene que haber un responsable y como no puede ser Aznar, maldita sea, tendrá que ser de la casa (preferiblemente del propio "Babelia") y fácilmente parapetable, además, a un puesto oficial de consolación en la Administración, una jefatura de prensa o algo por el estilo, pues, si acierto en la identidad del futuro chivo expiatorio (¿o debería decir chiva?), los medios los tiene ya muy quemados. Algún intento ha habido –y en la llamada prensa conservadora– de echar la culpa a los periódicos digitales por haber difundido la famosa carta, es decir, por haber hecho lo que tenían que hacer con una carta abierta, pero no ha dejado de ser más que una cortesanía tan desplazada como inoportuna por parte del escribidor, pues ni por eso le van a volver a contratar en El País (aunque nunca se sabe), ni ha quedado zanjada la cuestión, como pretendía en su artículo.
 
Más bien al contrario, "el cirio" no ha hecho si no reavivarse a raíz de la carta que setenta y cuatro escritores, lectores e intelectuales han enviado al director de El País expresando "su preocupación por la posibilidad del futuro ejercicio libre de la crítica en las páginas de El País", carta que dicho periódico no ha tenido más remedio que publicar y que ha obligado a la Defensora del Lector a dar la cara con un largo artículo en el que, lejos de explicar el asunto, lo que hace es enmarañarlo cada vez más, pues sólo da la versión del periódico que ni por esas se atreve a publicar la carta de Echevarría. Me imagino la perplejidad de esos lectores –y son muchos– que sólo leen El País y no se habían coscado de nada hasta la carta de "los setenta y cuatro" y la complicada explicación de su Defensora. Sobre todo al ver encabezada la carta por algunos colaboradores del propio periódico, como Rafael Conte y Mario Vargas Llosa quien, por cierto, debe de saber un rato sobre la libertad de expresión de esa Casa pues muchos de sus artículos, tan alejados de su línea oficial, suelen ir sospechosamente compensados en los días siguientes por oportunas y profusas cartas con un alto contenido insultante hacia el autor. No entiendo como no han puesto este ejemplo para demostrar la amplitud de criterios del periódico y lo bien que apoya y defiende a sus colaboradores.