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Mejor reír que llorar

Andrea Camilleri nació en Sicilia en 1925, y vive desde hace mucho tiempo en Roma donde trabaja en el teatro y en la televisión como realizador y como guionista. Su producción se centra en dos temas: las novelas policíacas y las novelas sobre Sicilia. En las primeras ha creado la figura del inspector Montalbano, como homenaje a su admirado Vázquez Montalbán, mientras que las segundas están todas ambientadas en la Sicilia de finales del siglo XIX, sagaz subterfugio que le permite refocilarse impunemente en la sátira de la sociedad siciliana y su tendencia innata a la conspiración y a la venganza.

La editorial Destino ha publicado ya algunas novelas de esta saga, concretamente La concesión del teléfono, La ópera de Vigàta, El Curso de las cosas y La temporada de caza. Un hilo de humo transcurre, como las anteriores, en Vigàta. En esta ocasión la comedia de costumbres se desarrolla en torno a una serie de intrigas mafiosas y familiares que quieren dar al traste con el negocio de un almacenero de azufre, lo que da pie a situaciones hilarantes, en las que la sangre nunca llega al río.

Efectivamente, para Camilleri, como para Sciascia, Sicilia es en sí misma un mundo, pero es lo único que hay en común entre ambos autores. El maestro de Regalpetra, como titula Matteo Collura su hermosa biografía sobre Sciascia (Alfaguara, traducción de Maria Josefa Palomero), se caracteriza por el compromiso y la denuncia mientras que Camilleri lanza una mirada jocosa sobre una realidad que no por pretérita está menos presente, y la asume como una fatalidad, sacando de ella los rasgos que disuelven sus defectos en una resonante carcajada.

Como en las novelas de ese otro gran humorista italiano, Giovanni Guareschi –el creador de aquel inefable cura de pueblo llamado don Camilo y del no menos inefable alcalde comunista Pepone– el propósito es desdramatizar, quitar hierro a una realidad trágica, no para desmentirla, sino para sublimarla, en el sentido freudiano del término, que es uno de los principales cometidos de la literatura humorística.

Andrea Camilleri, “Un hilo de humo”. Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale. Ediciones Destino, 2001. Colección Áncora y Delfín. 148 páginas.

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