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PCE: Cadáveres en el armario

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Conocemos, por testimonios de primera mano, el control absoluto que ejercía el PCE sobre la vida privada de sus dirigentes. El aparato hacía y deshacía familias según las necesidades de la causa. Ya en 1985, Gregorio Morán desvelaba en su libro Miseria y Grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985 algunos de los secretos más infamantes de los comunistas. Sin embargo, como verán más adelante, Morán, que se ocupa ampliamente de Ignacio Gallego y sus tropelías, no conocía la escalofriante historia que acaba de desvelar El Mundo en un amplio reportaje. La hija de Gallego, Aurora, siendo muy joven, dio a luz un niño disminuido al que dieron por muerto, pero que en realidad fue secuestrado por razones execrables. Ahora, Rubén González Gallego, tras haber recorrido todas las estancias del infierno (orfanatos, asilos para ancianos, operaciones inútiles) ha conseguido reunirse con su madre a los 32 años.

Aurora (nacida en París en 1946), pasó su infancia y juventud entre esta ciudad, Praga y Varsovia, a veces recluida en orfanatos, según las necesidades del Partido. Finalmente, fue a Moscú a estudiar en la universidad y allí conoció a un mulato venezolano, padre de su primer hijo. Como hija de quien era, fue atendida en la maternidad de la nomenklatura. El parto (de gemelos) se presentó con dificultades que causaron graves malformaciones al superviviente, al que llamaron Rubén, como el hijo de la Pasionaria y el hermano de Aurora.

Tras pasar un año en el hospital, aprovecharon un viaje de Aurora para secuestrar al niño. Cuando volvió le dijeron que había muerto, sin más explicaciones. Empieza el martirio de Rubén, a quien recluyen en diferentes orfanatos y someten, con resultados catastróficos, a operaciones para enderezar sus piernas deformes. Como oficialmente en la URSS no había minusválidos los metían, cualquiera que fuera su edad, en los asilos de ancianos. Rubén logró salir de uno de ellos durante la perestroika. Dotado de gran inteligencia y fuerza de voluntad, el joven estudió, se casó, tuvo un hijo y se dedicó a buscar a su madre.

Aurora, por su parte también rehizo su vida. Aprendió idiomas, se especializó en traducción literaria y se casó con un disidente soviético, con quien tuvo una hija. Aprovecharon un viaje a París, donde vivía la familia de Aurora, para pedir asilo político. Aurora empezó a trabajar en una radio anticomunista, trasladándose después a Munich y, desde hace cinco años, a Praga, la ciudad donde se ha producido el reencuentro con su hijo y donde ahora viven todos. Aurora atribuye toda la culpa a la cúpula del Partido, y no cree que su padre estuviera al tanto de lo que había ocurrido. No cabe duda de que al Partido no le parecía conveniente la historia, pero lo que Aurora omite es que precisamente su padre formaba parte de dicha cúpula. ¿Qué otra persona podía tener interés en que su hija no cargara con un niño disminuido? Sin contar con el posible componente racista, pues no hay que olvidar que el niño era cuarterón.

Además, a pesar de su postura de inquebrantable adhesión a la línea dura del partido y sus conexiones directas con el KGB, desveladas en su día por el ex agente del KGB Vasili Mitrokhin, no parece que Ignacio Gallego (que llegó a ser vicepresidente de nuestro Congreso de los Diputados, no lo olvidemos) fuera persona de muchos escrúpulos. En el citado libro, Morán alude a que en "la personalidad de Gallego hay tal cantidad de esquinas que no es fácil definirlo" y destaca "la complejidad y simpleza de este dirigente que sobrevivió a todas las crisis y las trifulcas históricas. Ahora (Morán publica esto en 1986) afirma su fe inquebrantable en el socialismo real y hace tan sólo un par de años vagaba de editorial en editorial tratando de colocar un texto furibundamente antisoviético que había redactado su yerno. Por estas casualidades de la historia, su hija Aurora casó con quien luego sería un disidente exiliado, Yureiev." Y Morán termina decretando proféticamente: "o el disidente es ful o el abuelo Ignacio es el doctor Jekyll y míster Hyde."

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