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Rafael Martínez Nadal

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Conocí a Martínez Nadal en la librería Cal y Canto, allá por el año setenta y muchos. Estaba casado con Jacinta Castillejo. La pareja vivía en Inglaterra y venían con frecuencia a España. Ambos tenían un aspecto francamente británico, especialmente ella, cuya madre era inglesa. Les precedía un aura de leyenda. En el caso de Jacinta porque era la hija del famoso médico republicano, José Castillejo, uno de los reformadores más activos de la Institución Libre de Enseñanza, promotor de la Residencia de Estudiantes y dueño de una magnífica finca llamada El Olivar, situada en pleno centro de Madrid y que ahora se ha convertido, parte en una Fundación, «El Olivar de Castillejo», parte en una urbanización de chalets de lujo.

En cuanto a Rafael Martínez Nadal, su leyenda se llamaba Federico García Lorca. Se decía –y al parecer era verdad- que había sido el mejor amigo del poeta a quien conoció precisamente en la Residencia. Lorca le había dado la custodia de una serie de manuscritos que Rafael fue publicando desde 1970, siendo el que más impacto produjo el drama homosexual El público. Pero no se limitó a eso sino que también contribuyó al esclarecimiento de la obra de su amigo con algunos libros propios: El público. Amor, teatro y caballos en la obra de Federico García Lorca; Cuatro lecciones sobre FGL; Federico García Lorca. Mi penúltimo libro sobre el hombre y el poeta. Otras obras suyas son un libro sobre Luis Cernuda, de quien también fue amigo y confidente (Luis Cernuda. El hombre y sus temas), y otro muy curioso, titulado Antonio Torres y la política española del Foreing Office (1940-1944).

Rafael Martínez Nadal murió el martes en Madrid, a los 96 años de edad llevándose a la tumba, es cierto, muchos secretos, aunque no cuesta demasiado trabajo sospechar cuál es la naturaleza de los mismos. Ya la dejó entrever en aquel penúltimo libro sobre Lorca, en el que publicó parte del epistolario inédito. Muchos se preguntan si se publicará alguna vez entero, en particular las cartas eróticas que Lorca envió desde Nueva York. Tal vez entonces se podrá saber de una vez si era verdad, como se susurraba en los pasillos, que Martínez Nadal fue el destinatario de los Sonetos del amor oscuro.

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