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Rizar el rizo

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A Henry James (1843-1916) le tocó vivir una época privilegiada, desde el punto de vista literario. Como americano vergonzante, dividió su vida y su conciencia entre su patria de origen e Inglaterra, su patria de adopción, donde encontró acomodo estético. Como autor celebrado lo conoció Virginia Woolf en su juventud (era amigo de su padre y en sus diarios ella cuenta la irritación que le produjo su “me dicen que escribes” con el que la recibió cuando se la presentaron) y lo cierto es que nunca perdió ese aura de autor exquisito que hizo que Joseph Conrad lo calificara como “el historiador de las conciencias refinadas”.

Considerado como uno de los máximos exponentes de la novela psicológica, James es sobre todo un estilista, una de cuyas bazas maestras es la ambigüedad, que maneja a la perfección. El lector se convierte así en partícipe de la trama y se ve implicado en la lectura de una manera muy especial. Los temas preferidos de James están presididos por un halo de misterio que roza lo sobrenatural, sin descartar la tesis racionalista. Con ello rompe la tradicional pasividad del lector, al que obliga a tener la última palabra

Otra vuelta de tuerca es un claro exponente de todo lo anterior y uno de los mejores relatos de fantasmas que se han escrito nunca. El arranque no puede ser más clásico. En torno al fuego, un grupo de amigos entretiene su ocio narrando experiencias terroríficas. Uno de ellos se lleva la palma y cuenta la historia de una joven institutriz que llega a un apartado rincón de Inglaterra a cuidar a dos niños huérfanos. Lo que al principio parece una situación idílica, se ve pronto enturbiada por una serie de acontecimientos que ni quedan claros ni son fehacientes, pero que consiguen crear una atmósfera escalofriante. A partir de ahí, la historia deja de ser clásica y se convierte en la muestra más lograda de ese tipo de literatura subjetiva, que tan desigual fortuna ha tenido en Europa (pienso en el nouveau roman) pero que con James alcanza cotas difícilmente superables.

Esta edición, que Anaya ha publicado en la colección “Tus libros. Selección”, ha sido realizada por Ana Isabel Conejo e Hilario Franco y tiene un valor añadido, además de la calidad de la traducción. Ana Isabel Conejo recoge el guante de esa ambigüedad jamesiana, a la que antes me he referido, y publica, en apéndice, un pastiche, titulado precisamente Una lectura más para otra vuelta de tuerca, cuya propuesta y resultado no pueden ser más ingeniosos.


Henry James, Otra vuelta de tuerca, traducción y presentación de Ana Isabel Conejo e Hilario Franco. Apéndice de Ana Isabel Conejo, Anaya, 197 páginas.

Más libros en: El Semanal de Libertad Digital

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