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Todos contra Ana Rosa

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Cuando estalló lo que ya se conocerá para siempre como “el caso Quintana” muy pocos se dieron cuenta de que, a la cada vez más larga lista de atropellos que esta señora ha cometido contra la comunidad leyente y escribiente, había que añadir uno más: el plagio a la traductora de la autora plagiada. Esto puede parecer muy retorcido pero es claro como el agua. Quintana –fíjense que no digo el negro de Quintana porque la considero a ella la responsable moral y legal de todo esta ignominia- no sólo ha atentado contra los derechos de autor de Danielle Steel y de Ángeles Mastretta y de váyase a saber cuántos autores más, sino contra los derechos de autor de María Antonia Menini, traductora del libro de Steel copiado por la pseudo escritora española o por su amanuense. Así que ahora se las va a tener que ver también con ella y no saben ustedes lo cabreados que se pueden poner los traductores cuando les tocan los derechos, sobre todo porque les ha costado mucho sudor y lágrimas adquirirlos.

La gente parece escandalizarse mucho, pero el caso Quintana no es el primero ni el único. Si incluso grandes escritores, presionados por sus compromisos editoriales o por las razones que sean, han recurrido a plumas mercenarias, ¡qué no harán los iletrados a quienes el listillo de turno ofrece publicar un libro aprovechando el tirón de su popularidad! Además, los departamentos de ciertas editoriales están preparados para ello (es un secreto a voces) porque hasta para vender el alma al diablo existen contratos. La ley crea la trampa y esto es lo que permite que los negros sigan atados a la galera, amordazados, y remando. Alguna tontería muy grande ha debido de cometer Ana Rosa para que los dioses la cegaran de esa manera, abandonándola a su cada vez más "negro" destino.

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