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Treinta años no es nada

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Al final de los años cincuenta, José María Castellet publicó una antología que levantó ampollas. Se titulaba Veinte años de poesía española. Al agrupar en un libro a los poetas social-realistas, el antólogo se hacía eco, según él, de la realidad poética del momento. Mucho cambió la misma en veinte años y mucho cambiaron también los gustos de Castellet que, en 1970, volvía a armar la marimorena con otra antología que, esta vez, reflejaba una estética radicalmente opuesta a la anterior y a la que tituló Nueve novísimos poetas españoles. No voy a analizar aquí la poesía de ninguno de ellos, pero quiero destacar que, además del distanciamiento por los temas político-sociales, se caracterizan casi todos por un amor desmesurado por el cine y por la cultura anglosajona.

La elección fue tan arbitraria como cualquiera de las que han llevado a cabo los antólogos que en el mundo han sido, sólo que en ésta concurrían determinados factores de amiguismo y casi de tribalismo, que ni pintados para despertar la hostilidad del medio. Como siempre, lo que peor sentó no fueron los elegidos, aunque algunos, como Vázquez Montalbán, parecen difícilmente sostenibles, sino los postergados, entre los que se contaban poetas que han tenido, con el tiempo, más obra y más trascendencia.

La antología esta dividida en dos partes. La primera reúne la producción de lo que Castellet llama “los seniors”: Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión y José María Álvarez. En la segunda, titulada “la coqueluche”, están agrupados los más jóvenes: Félix de Azúa, Pedro Gimferrer (que en esta nueva edición figura como “Pere”, cuando en el resto del libro, no se ha modificado ni una coma, alterándose así la fuerza testimonial del documento, pues en aquella época, como la Margarita del tango que después pasó a llamarse Margot, Pere se llamaba lisa y llanamente Pedro), Vicente Molina-Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.

Conscientes del tirón que podía tener en este momento resucitar estas viejas historias (la grey poética anda siempre a la greña) la editorial Península ha decidido rescatar la agotada antología, enriqueciéndola con un apéndice documental que no tiene desperdicio. Es una separata de 32 páginas en la que se recogen fragmentos de algunos de los numerosos (y apasionados) artículos con los que se acogió, entre diciembre de 1969 y febrero de 1971 esta discutidísima antología.

Hay muchas perlas, pero sólo recogeré las desgranadas por José Miguel Ullán, muchísimo mejor poeta que cualquiera de los que figura en la antología. Además de afirmar que su exclusión en la misma es tan justa como envidiable, Ullán concedió una entrevista a Ramón Chao en la revista Triunfo en 1970, donde, siempre ingenioso, siempre alerta, dice que Castellet confunde la “coqueluche” con la menstruación y llama a Pedro Gimferrer “la Celia Gámez de la novísima poesía en castellano”. Aquello sí que eran polémicas. Y eso que todavía había censura.


José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles, Península, Barcelona, 2001, 251 páginas.

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