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Una educación política

Esta es la última novela publicada de Jiménez Lozano, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que sea la más reciente pues, como él mismo dice, conforme los acaba, los deposita en se mítico cajón de escritor, que no es ni mucho menos un cajón de sastre en el que se meten las cosas de cualquier manera, a medida que dejan de ser necesarias, sino a medida que se van adquiriendo, a modo de experiencias vitales que configuran la personalidad y que, como éstas, irrumpen de pronto en nuestras vidas de manera imparable, cuando les ha llegado su turno.

En ella se narra la historia de un político, Leo Cháñez, ministro durante la transición, que se retira al campo para, desde esa soledad un tanto soberbia, iniciar una vuelta a la actualidad política, para lo cual se rodea de un equipo de profesionales de la política, llenos de ambición conocidos como los «lobeznos» y también de algunas personas de toda confianza, como su chófer y paisano, Poldo Valdillo y un amigo de la infancia, algo más joven, Rodríguez Haro, verdadero cerebro gris de la operación reformista que se pretende de centro derecha, pero que no duda en coquetear con la izquierda si se tercia.

Así como Flaubert tituló su gran novela sobre la época de la revolución de 1848, La educación sentimental, esta novela se podría subititular perfectamente Una educación política, porque es a lo que realmente asistimos: a la construcción, gloria y posterior desmantelamiento de las ambiciones políticas y personales de un personaje cuyo modelo sólo puede darse en determinadas circunstancias históricas.

Esto es lo que convierte a esta novela en un testimonio de época, en el sentido en que también lo son las novelas contemporáneas de Galdós, y aquí, como también en el caso de este último, se detiene todo paralelismo histórico, porque lo demás es viejo como el mundo: ambición, intriga, traición y la tan desastrosa concepción de que el fin justifica los medios, aunque ya no sepa muy bien ni cuál es el uno ni cuáles los otros y lo que acabe prevaleciendo sea, como siempre, el factor humano.

A destacar el perfecto conocimiento que tiene Jiménez Lozano del político profesional, que no es el que aparece en la foto, sino el que la compone. No en vano, ha estado durante tantos años ejerciendo el periodismo activo precisamente en esa época a la que con tanto talento inmortaliza.

José Jiménez Lozano, Los Lobeznos, Seix Barral, Barcelona, 2001, 219 páginas

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