Menú

Vida de poeta

0
Arthur Rimbaud es uno de esos autores más conocidos por su vida que por su obra, ambas enmascaradas tras los “aires de leyenda” que le han convertido en un mito viviente.”. El autor de El barco ebrio, Vocales, Una temporada en el infierno e Iluminaciones, sigue encarnando, más que ningún otro –más incluso que Lautréamont– al poeta inconformista y maldito, a la esencia misma de la poesía y de lo que el común de los mortales suele conocer como “vivir poéticamente".

En Rimbaud fils, Pierre Michon se acerca a la vida y a la obra de este poeta con la conciencia muy clara de estar contribuyendo a aumentar el ya abultado corpus en torno a la vida y obra de uno de los grandes profetas de la literatura, pero contento de ello, como si, en la actualidad, no pudiera haber otro tipo de dedicación a la escritura más que el “comentario del comentario” del Libro, o de lo que en esta obra él llama “La
Vulgata”, es decir Una temporada en el infierno.

Michon, con una perspectiva totalmente literaria, se acerca a ciertos episodios de la vida de Rimbaud a través de esos personajes secundarios que, como dice el autor, sólo parecen haber existido para dar la réplica al genio, y cuyas vidas, a pesar de haberse desarrollado con independencia de la suya, parecen haberse quedado congeladas para siempre en esos años, días o minutos en que jugaron un papel en la vida más importante del gran hombre.

Empieza con Vitalie Cuif, la madre de Rimbaud, una figura tremenda y contradictoria; sigue con Izambard, su profesor de retórica, quien nunca hubiera soñado sobrevivir a su época y al que Michon presenta eternamente joven, siempre enseñando literatura a Rimbaud. Tampoco el gran poeta de la época, Thédore de Banville, habría sido nada más que un nombre relegado a enciclopedias del pasado, de no haberse dignado Rimbaud dirigirle cartas de adolescente suplicante.

Sólo hay una personalidad no subsidiaria: el poeta Paul Verlaine, cuya obra es lo suficientemente importante como para no haberse convertido tan sólo en el amante despechado que le pegó un tiro a Rimbaud. Y, por supuesto, también están todos esos personajes de su vida africana; los que le conocieron como traficante de café, pieles y armas. Todo ello escrito en una prosa exquisitamente trabajada, que Maite Gallego, la traductora, ha conseguido transponer, con la misma exquisitez, al español castellano, que diría don Sebastián de Cobarruvias.


Pierre Michon, Rimbaud el hijo, traducción de María Teresa Gallego Urrutia, Anagrama, Barcelona, 2001, 115 páginas.

Más libros en: El Semanal de Libertad Digital

En Tecnociencia

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios