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Sofismas abortistas

El hecho que se apruebe en las Cortes la reforma de la ley del aborto permitirá que éste sea legal en más circunstancias, pero seguirá siendo una aberración ética.

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El otro día escuchaba en un tendencioso medio de comunicación que la manifestación en defensa de la vida del próximo sábado era de la ‘derechona’, afirmación que es una prueba más que en el aborto los sofismas pueden más que las realidades. El primer tópico sobre el ‘Holocausto silencioso’ que quiero desmontar es refutar que el respeto a la vida humana es propio de una opción partidista. El derecho a nacer no es ni de izquierdas ni de derechas, sino un derecho humano incuestionable, previo a la opción política, ya que la primera libertad a proteger es la de cada vida humana, esa que de un modo natural está llamada a ser en unas semanas un niño.

Un segundo engaño, muy admitido entre los laicistas, es considerar que el derecho a la vida es una imposición católica. Al margen que todas las religiones serias comparten la condena al aborto, el no creer en Dios no conlleva necesariamente el apoyo al aborto. Tengo varios amigos ateos y agnósticos que comparten la postura de los que se adscriben a una religión. Su argumentación la basan exclusivamente en razones científicas y humanitarias.

Otro sofisma, que a base de marketing se está convirtiendo en una razón caritativa para justificar el derecho a abortar, es la salud psíquica de la madre. Este tópico, excepto en sociedades en las que la práctica sexual se ha trivializado en extremo, es opuesto a la realidad. La mayoría de las mujeres que desean formar en el futuro una familia, cuando abortan sufren serios traumas de los que no se libran fácilmente a lo largo de su vida.

Una cuarta falsedad es no atribuir el carácter humano a la vida que porta una mujer hasta que no pase un cierto tiempo de gestación. La vida es un proceso continuo y el avance de la ciencia apoya que ese diminuto ser humano tiene una identidad diferenciada y no es parte de la madre, sino dependiente de ésta. Los conocimientos biológicos confirman que en los 46 cromosomas del óvulo fecundado están ya inscritas todas las características del individuo: sexo, talla, color de los ojos y de los cabellos, forma del rostro y hasta temperamento. Al decimoctavo día de vida empieza a formarse el cerebro. Su minúsculo corazón late desde el día 21. A los 45 días después de la falta de la regla, el embrión mide 17 milímetros de largo. Tiene manos, pies, cabeza, órganos y cerebro, pudiéndose registrar ondulaciones en el electroencefalograma. A los 43 días de la fecundación se detecta ya una actividad eléctrica cerebral subcortical; a los 90 días aparece la actividad eléctrica cortical. La conclusión es que la ciencia no alberga dudas de que ese diminuto ser humano no es parte del cuerpo de la madre.

Un quinto sofisma, el que se lo tragan los más lerdos, es confundir legalidad y legitimidad. El hecho que se apruebe en las Cortes la reforma de la ley del aborto permitirá que éste sea legal en más circunstancias, pero seguirá siendo una aberración ética. Dar derecho al fuerte para aniquilar una vida humana que no puede valerse por sí misma puede ser aprobado por los políticos, pero es injusto y supone un retroceso de nuestra civilización y nos acerca al nazismo. El derecho de la madre no puede anular el del ser que lleva en su útero.

Julián Marías, el gran discípulo de Ortega, decía que la mayor a aberración del siglo XX era la aceptación social del aborto. Este aumento de la tolerancia lo prueba el hecho de que España sea el país de la Unión Europea en el que entre 1997 y 2007 más ha aumentado el número de abortos (62.560). José Antonio Zarzalejos describió con realismo el trabajo de una clínica abortista de Barcelona en su artículo La barbarie silenciosa. El entonces director de ABC expuso con brillantez como las leyes permisivas suelen conducir a abusos horrendos, donde priman los intereses económicos sobre la legalidad y la ética. La conducta asesina de echar niños viables a la trituradora es una atrocidad peor que el terrorismo.

Todo el mundo reconoce que el aborto es la consecuencia de un fracaso, pero el actual Gobierno prefiere favorecer la aniquilación de la nueva vida en lugar de resolver los problemas de alojamiento, manutención y trabajo de la mujer en desamparo. Ésta, si fuera convenientemente orientada y asistida, preferiría muchas veces alumbrar una nueva criatura a impedir su nacimiento. Si quiere encontrar más tópicos sobre el aborto le recomiendo los que publica Oscar Fernández Espinosa de los Monteros en su artículo Respuestas a los tópicos abortistas. Por último el intento de los Ministros de Justicia e Igualdad de impedir la objeción de conciencia, deslegitima a un gobierno, quien no puede violentar la libertad de los médicos de negarse a la ejecución de un ser humano.
Julio Pomés es presidente de Civismo.

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