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Julio Vidorreta

Encapsular el virus

Pedro Sánchez ha sido, es y, salvo conversión bíblica, será un gran problema político. Todo lo que toque lo contaminará.

Julio Vidorreta
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Pedro Sánchez ha sido, es y, salvo conversión bíblica, será un gran problema político. Todo lo que toque lo contaminará.
Pedro Sánchez, en la sede de la Generalidad | EFE

Las consecuencias del gobierno de Sánchez se disparan en todas las direcciones. Por resumir: dirección internacional y dirección nacional. Hacia afuera y hacia adentro. El mundo interrelacionado que vivimos provoca que las decisiones en política exterior reviertan en la política interior en forma económica y social de forma más rápida que tiempo atrás.

Pedro Sánchez ha sido, es y, salvo conversión bíblica, será un gran problema político. Todo lo que toque lo contaminará. Como su principal ocupación actual es España y los españoles, ellos serán los principales afectados. Ante los grandes problemas de salud, los médicos optan primero por encapsular el virus para que ni contamine ni se extienda, o al menos, para que los daños sean lo menor posibles.

A Sánchez primero lo intentó encapsular el PSOE atacando a la raíz. La vacuna lo sacó del mando, posibilitó un Gobierno del PP y evitó unas terceras elecciones. El cirujano de Ferraz aceleró la recuperación del enfermo, levantó las medidas y el virus se reprodujo con inusitada virulencia.

Recuperó la jefatura del PSOE, reformó sus estatutos para evitar nuevos sustos y se puso a diseñar una ingeniosa moción de censura que ha contaminado a la Justicia y a los partidos políticos que la apoyaron en una operación con alto coste social y económico, cuyos efectos solo comenzamos a comprobar.

La asunción del poder de Sánchez ha sido un gran problema en su concepción y definición. Lo que toca lo daña. La falta de legitimidad electoral inicial no fue obstáculo para tratar de alargar su primer mandato al máximo hasta que vio la oportunidad de convocar elecciones.

Desde fuera trataron de encapsular y contener al virus antes y después del 28-A. Los macronitas le ofrecieron sus apoyos y cariños a cambio de mantener al comunismo fuera del poder y a Ciudadanos a raya, la Comisión no le apretó las clavijas con la ausencia de presupuestos para alejarlo del populismo y Trump trató de mantener unas relaciones fluidas que protegieran intereses comunes. Nunca nada es suficiente.

Como no llegó hasta el éxtasis previsto el 28-A, Sánchez bloqueó su propio gobierno durante meses y se fue directo a convocar nuevas elecciones. Mismo proceso que en el bienio 15-16, solo que ahora auto bloqueándose a sí mismo. Cientos de millones de euros en repeticiones electorales después, sus apoyos menguaron y el virus se fortaleció el 10-N vía pacto con los comunistas con el apoyo de los independentistas.

Ninguna medida paliativa ha servido y ahora el virus ya no es Sánchez: es España. Si nadie lo remedia ni hay milagro que lo evite, la cápsula que venga será sobre el país en su conjunto.

Francia y Alemania prescinden de España, la encapsulan, y giran el eje de poder a Polonia. Las votaciones decisorias en la UE no pasarán por nuestras manos. La semana que viene llegará la ronda final de la negociación de las Perspectivas Financieras Plurianuales –presupuestos 2021-2027– donde se avecina tormenta para nuestros intereses.

Estados Unidos pide explicaciones por la visita de la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez, profundiza en la revisión de la política arancelaria comunitaria y se suspende el Mobile Congress por el coronavirus, después de la cancelación de un sinfín de compañías; las primeras, algunas afectadas por la tasa Google unilateral que quiere imponer Sánchez.

El virus se extiende. El paro crece, la desaceleración se profundiza, se reducen las expectativas de crecimiento, se extiende la previsión de gasto y se reduce la de ingresos, en consecuencia, crece el déficit y en nada la deuda; y, mientras, el Gobierno habla de prohibir hablar de Franco mientras se ve con Delcy a medianoche en el reservado de Barajas. Y Zapatero haciendo caja.

Y todo esto sin mencionar Cataluña ni el golpe de Estado. Si alguien quiere suponer un final para este thriller, que vuelva a la escena de 2011, pero agravada.

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