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Buscad al congresista Ryan

Este martes Ryan afirmó con pasmosa seguridad que la nación se enfrenta con una deuda aplastante que derivará en un desastre económico a menos que se recorte el déficit presupuestario con energía y resolución.

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Esta semana ha comenzado con el presidente Obama pronunciando su segundo discurso sobre el Estado de la nación. Con una ley de sanidad derrotada, una política internacional que no está para echar cohetes y, sobre todo, una economía que no acaba de arrancar, no se puede decir que Obama esté realizando un paso del Ecuador precisamente halagüeño. 

El discurso, pues, fue un rosario de grandilocuencias típicas de un sector del partido demócrata y de sustancia escasa. Escasa aunque cara. Es obvio que Obama desea seguir gastando el dinero del contribuyente porque no ve otra manera de llevar a cabo sus planes ni tampoco acierta a enfrentarse con la situación económica sin recurrir a rancias –e ineficaces– recetas keynesianas. Como era de esperar, a los republicanos –especialmente los del Tea Party– les ha faltado tiempo para responder al presidente con una contundencia difícil de refutar. En ese sentido, quien ha llevado la voz cantante ha sido el presidente del comité del presupuesto en el congreso, Paul Ryan.

Durante años, Ryan fue únicamente un aplicado miembro del staff republicano en el congreso, pero, en los últimos tiempos, se ha convertido en una verdadera estrella. Este martes, por ejemplo, afirmó con pasmosa seguridad que la nación se enfrenta con una deuda aplastante que derivará en un desastre económico a menos que se recorte el déficit presupuestario con energía y resolución. Habrá gente que dirá que Ryan es catastrofista, pero sus palabras tienen un dramático sonido a realidad como, por ejemplo, cuando afirma que "nuestra nación se está acercando a un punto peligroso. Estamos en un momento donde si el crecimiento del Gobierno sigue sin ser frenado y desafiado, el mejor siglo de América será considerado nuestro pasado siglo".

Ryan sostiene que hay que acabar con el endeudamiento continuo a la vez que se producen recortes radicales en el gasto. Aparte de que la música pueda sonar bien, Ryan ha escrito una letra bastante clara. Por ejemplo, es partidario de que se vuelva a un sistema basado en "Gobierno limitado, impuestos bajos, regulaciones razonables y dinero sólido" y lo es no por ansia de lucro capitalista, como dirían los progres, sino porque ese sistema "ha hecho más para ayudar a los pobres que ningún otro sistema económica jamás diseñado". Ryan no está solo en sus planteamientos –en un sentido muy similar se ha manifestado Michele Bachmann insistiendo en que el presidente debería de dejar de gastar un dinero que no tenemos– pero habla con una autoridad y una reciedumbre que lo convierte en especialmente convincente. Parece como si, parodiando una conocida película, para dejar de manifiesto lo absurdo de la política económica de Obama, los republicanos hubieran tenido que buscar al congresista Ryan.

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