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La rebelión de las féminas

No se trata sólo de que las dos demócratas obtengan una victoria sino de mantener la idea de que si una mujer quiere ser defendida no debe entregar su voto al partido del elefante. ¿Va a funcionar esta táctica? Es dudoso.

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Aunque el votante norteamericano es bastante independiente a la hora de emitir su voto, especialmente si se compara con el europeo, no puede negarse que hay caladeros donde pescan republicanos y demócratas con especial afición. Por ejemplo, los demócratas han contado siempre con los irlandeses, con los italianos, con lo católicos, con los sindicatos y desde los años sesenta con los negros, mientras que los republicanos han tenido las preferencias de los anglosajones, los escandinavos, los protestantes y los emprendedores. A los primeros se han ido sumando con los años buena parte de las estrellas de Hollywood y la progresía en general, mientras que los segundos atraían más a los que en España llamaríamos autónomos y creyentes. 

Que Kennedy fuera un presidente demócrata y Kerry un candidato del mismo partido, mientras que Lincoln y Reagan fueron republicanos obedece precisamente a esa división que, no obstante, tiene sus excepciones no siempre secundarias. En esas divisiones lógicamente una de las preguntas más relevantes es la relativa al voto femenino. Aunque, por ejemplo, las mujeres votaron –igual que los varones– mayoritariamente por Reagan, no es menos cierto que el Partido Demócrata se ha venido jactando en las últimas décadas de un mayor atractivo. A fin de cuenta, los demócratas han insistido en asimilar buena parte de las demandas feministas –incluidas algunas de las más radicales– e incluso han contado con aspirantes femeninas a la nominación presidencial. En las últimas elecciones, Obama –no hay duda de ello– consiguió incluso un porcentaje muy notable del voto femenino no inferior al 56 por ciento. Sin embargo, esa ventaja ha comenzado a cuartearse provocando una profunda preocupación en los cuarteles demócratas.

Según una reciente encuesta de Fox News, el 44% de las mujeres votaría ahora por un candidato republicano mientras que un 43% lo haría por uno demócrata. En otras palabras, si los datos son fiables, y todo hace pensar que lo son, las mujeres han decidido volver la espalda al presidente en un porcentaje nada pequeño. 

Como era de esperar, la Casa Blanca se ha lanzado a apoyar de la manera más directa a candidatas como la senadora Patty Murray de Washington o Barbara Boxer de California. No se trata sólo de que las dos demócratas obtengan una victoria sino de mantener la idea de que si una mujer quiere ser defendida no debe entregar su voto al partido del elefante. ¿Va a funcionar esta táctica? Es dudoso. Los norteamericanos son idealistas y prácticos a la vez como buenos descendientes de los puritanos y la verdad es que la crisis económica está golpeando a las mujeres que están en el mercado laboral no menos que a los hombres. A decir verdad, si Obama quiere recuperar su ascenso sobre el electorado femenino tendrá que dejarse de gestos simbólicos y aprobar de una vez la asignatura económica, algo que, siquiera de momento, no parece que esté consiguiendo.

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