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¡Obama, déjalo!

Obama no está gobernando con el "talante" que dijo que iba a gobernar y, sobre todo, lo está haciendo mal, muy mal. Por eso, más vale que no se presente a la reelección porque puede descubrir que los electores piensan que con un mandato ya basta.

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¡Quién los ha visto y quién los ve! En su día, los demócratas –y no sólo los demócratas– generaron una ola de entusiasmo en torno a Obama que acabó convenciendo a la mayoría de la nación para convertirlo en el inquilino de la Casa Blanca. Esos tiempos pasaron, al parecer, a la historia. Un ejemplo de lo que digo pudo contemplarse hace apenas unas horas en la Fox cuando Greta Van Susteren entrevistó a Doug Schoen, un colaborador de Obama. 

Schoen es un notable pensador político que destacó por un trabajo titulado One and Done que firmó junto a Pat Caddell y en el que exponía la necesidad de un cambio encarnado por Obama. Dos años después, Schoen defendía otra tesis, fundamentalmente la de que Obama no debía presentarse a la reelección. A juicio de Schoen, Obama había prometido unir a todo el país sin diferencias entre rojos y azules; liberales, moderados y conservadores, para enfocar su actividad en la resolución de los problemas reales y no en un partidismo de "combatir a los enemigos" y de "tierra quemada". A dos años de distancia, lo que podía verse era que Obama estaba siendo incapaz de llegar a un acuerdo incluso en cuestiones tan esenciales como la política fiscal e incluso se había permitido hablar de un combate "cuerpo a cuerpo" con sus adversarios. Para remate, Obama ni estaba solucionando los problemas económicos ni abordando correctamente las cuestiones internacionales ni impulsando la creación de empleos en el sector privado. En cuestiones como ésas tenía Obama que enfocar su acción y si no, "necesita marcharse". 

Greta Van Susteren preguntó entonces a Schoen si estaba sugiriendo –la verdad era que lo había explicado con bastante claridad– que Obama no debería presentarse a la reelección. La respuesta de Schoen fue bastante clara. "Dos años es un tiempo largo" y "estamos hablando de una filosofía de gobierno, un enfoque de la política... y si él sigue ese enfoque, se presente o no, estaremos mejor sin él". Schoen todavía recalcó más su afirmación señalando que "necesitamos un presidente que esté por encima de la política en favor nuestro para conseguir realmente lo que necesitamos como sociedad". 

Las afirmaciones de Schoen no resultan algo excepcional. A decir verdad, son una expresión más de un sentimiento que es cada vez mayor en las filas no sólo de los demócratas sino, sobre todo, de los votantes y que, por enésima vez, muestra el pragmatismo de los norteamericanos. Obama no está gobernando con el "talante" que dijo que iba a gobernar y, sobre todo, lo está haciendo mal, muy mal. Por eso, más vale que no se presente a la reelección porque puede descubrir que los electores piensan que con un mandato ya ha sido más que suficiente. No hurgaré en la herida y evitaré trazar paralelos con lo que sucede en otros lugares del globo, pero el mensaje, al cabo de dos años, es obvio para millones de norteamericanos: "¡Obama, déjalo!".

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