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Larry Elder

La felicidad, según mi padre

La riqueza por sí sola, sin el placer del camino recorrido para ganársela, sin que esté acompañada de fe, valores o amistades, parece conducir a un callejón sin salida.

Larry Elder
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Alguien dijo una vez que somos tan felices como decidimos serlo. Pero muchos me escriben y me preguntan por la felicidad: por qué no la tienen, qué pueden hacer para alcanzarla. Pero, ¿no les parece que las personas a las que consideramos más felices parecen pensar rara vez en la felicidad?

El ex presidente George H. W. Bush dijo que con involucrarse en algo que nos preocupe, la vida "nos canta". Aquellos que escogen profesiones en las que ayudan a los demás –trabajo social, enfermería– suelen ser más felices que quienes optan por campos en los que ganan mucho dinero.

Un personaje de la película The Flamingo Kid recordaba que su padre le dijo: "Sólo existen dos cosas importantes en la vida: descubrir lo que haces bien y descubrir lo que te hace feliz. Y si Dios te sonríe, ambas son la misma cosa."

Una vez hablé en una reunión de ganadores de la lotería. Casi todos dijeron que el dinero instantáneo no sólo no les había hecho felices, sino que, en muchos casos, estaban peor que antes. Amigos y "parientes" se apuntaban al pastel, los ganadores perdían su anonimato y debían decidir qué hacer con el tiempo y dinero recién obtenidos. Todo eso les generaba una enorme y profunda infelicidad, por no hablar directamente de depresión.

W. Somerset Maugham, uno de mis escritores favoritos, llamaba al dinero "el sexto sentido sin el cual no se puede hacer un uso completo de los otros cinco". Pero la riqueza por sí sola, sin el placer del camino recorrido para ganársela, sin que esté acompañada de fe, valores o amistades, parece conducir a un callejón sin salida. Un empresario me aconsejó una vez "hacer planes para lo peor, esperar lo mejor, y asumir lo que venga". Pero otro emprendedor de éxito se burló de esa filosofía, calificándola de pesimista. Argumentó que el trabajo duro, el compromiso y el carácter crean optimismo, lo cual a su vez conduce al éxito.

Sé que se entra en terrenos pantanosos cuando se juzga el interior de una persona por lo que aparenta. Uno de los hombres más felices que conozco –en la medida al menos en que eso se puede deducir por lo que se ve desde fuera– rechaza tanto a Dios como a la religión. Pero la mayor parte de las personas felices que conozco se apoyan firmemente en su fe y en el confort de una presencia espiritual que lo sabe todo y cuida de todos.

Mi padre nunca conoció a su padre biológico y abandonó la escuela a los trece años. Su madre y él nunca se entendieron, y al parecer ella tuvo en su vida a una serie de hombres  con los que mi padre tenía conflictos constantemente. Aún así, todas las semanas me entregaba un sobre para meter en el buzón. Años después, descubrí que contenían cheques que estuvo enviando a su madre una vez a la semana durante décadas hasta que murió. Trabajó duro en sus dos empleos, aceptando también chapuzas ocasionales, mientras asistía a la escuela nocturna con el fin de graduarse. Mis padres estuvieron casados cincuenta y seis años y criaron a tres hijos. Mi madre murió el año pasado. Mi padre, de noventa y un años, sigue siendo la alegría de la huerta.

Un día, mi padre y yo estábamos limpiando el garaje, tirando un montón de cosas viejas. Encontré un sobre y lo abrimos. Contenía una carta que mi padre escribió a los treinta y seis años a mi hermano mayor. Recordaba la carta y dijo que la escribió porque tuvo la premonición de que moriría a esa edad y quería dejarle las lecciones que le había enseñado la vida con el fin de ayudarle a defenderse sin guía paterna.

Cuatro de mayo de 1951

Kirk, hijo mío, empiezas ahora a vivir por tu cuenta una vida que mamá y yo no podemos vivir por ti.

De modo que mientras caminas por la vida, recuerda que es tuya, de modo que haz algo bueno con ella. Intenta siempre levantarle el ánimo a los demás.

Aprende a pensar claro, analizar las cosas, estar seguro de que tienes todos los hechos antes de llegar a ninguna conclusión y gastar siempre menos de lo que ganas.

Haz amigos, trabaja duro, y juega duro. Lo más importante de todo es que recuerdes que el mejor de los amigos se desgasta si lo utilizas.

Esto podrá sonar estúpido, hijo, pero no importa donde estés el 29 de septiembre: encuentra la manera de que mamá reciba un regalo, si es posible, junto con un gran beso y una amplia sonrisa.

Cuando vivas por tu cuenta, acepta consejos pero sigue tu propio camino, fíjate un objetivo razonable y después haz lo que puedas por alcanzarlo. Podrás y lo harás, porque depende de ti, hijo.

Tu padre,

Randolph Elder

Pocos filósofos lo expresaron mejor. Mi padre dice que la gente es tan feliz como decide serlo.

© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.

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