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Republicanos: racistas, sexistas, homófobos... y elitistas

No interesa que se sepa que hay más senadores demócratas multimillonarios que senadores republicanos multimillonarios. No interesa que la donación media al Comité Demócrata sea mayor que la donación media al Comité Republicano.

Larry Elder
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Lo mejor que se puede llamar a un republicano, después de "racista", "sexista", "homófobo" o "Tío Tom" (según convenga), es que es "distante".

El exgobernador de Massachussets, Mitt Romney, es el republicano rico más reciente en ser llamado "distante". ¿Pruebas? Vaya, pujar contra el rival gobernador de Texas, Rick Perry. La cantidad ofrecida fue de –¡glups!– ¡10.000 dólares! Esto, por supuesto, lo convierte en otro republicano que se cree nacido de los cuernos de la luna. El Comité Nacional Demócrata atacaba e inmediatamente difundía un vídeo. "Mitt Romney: simplemente distante... 10.000 veces".

¿Pero cuál es el político "elitista y distante" que considera "relativamente modesto" un sueldo anual de 172.000 dólares? ¿El candidato presidencial republicano Romney o el presidente Barack Obama? Respuesta: Obama.

¿De quién es mujer la gerente hospitalaria con un sueldo de 300.000 dólares anuales que se desplazaba al municipio mayoritariamente obrero de Zanesville, Ohio, a denunciar el elevado precio de las clases de piano y baile y de los campamentos estivales de sus hijas? Respuesta: la de Obama.

El por entonces senador ganaba 170.000. Sueldo medio 2005-2009 en Zanesville: 28.854 dólares, casi 13.000 por debajo de la media nacional.

Romney encaja a la perfección en este papel. Hijo de ejecutivo de American Motors y gobernador de Michigan, Romney amasó una fortuna comprando y vendiendo empresas. Mujer rubia atractiva. Hijos encantadores. Peinado cincelado. ¿Cuál es la pega?

No interesa que se sepa que hay más senadores demócratas multimillonarios que senadores republicanos multimillonarios. No interesa que la donación media al Comité Demócrata sea mayor que la donación media al Comité Republicano.

Si no hay anécdotas suficientes para retratar a un republicano como un patricio condescendiente, entonces habrá que inventar algo. The New York Times publicó una crónica dudosa para colgar la etiqueta de "elitista" al expresidente George Herbert Walker Bush. En una convención de ultramarinos, Bush quedó intrigado con un chisme para leer códigos de barras. Sólo estaba presente un reportero, de un periódico de Texas, y redactó una anodina crónica de dos párrafos acerca de la visita de Bush a la convención.

The New York Times publicaba sin embargo una crónica en portada titulada: "Bush, alucinado, descubre el súper". The Times escribía, faltando a la verdad, que el presuntamente desorientado y distante Bush estaba sorprendido por un lector ordinario de códigos para las cajas de los supermercados.

Reaccionando a la afirmación de que Bush no los conocía, el analista de sistemas de la Patronal de Ultramarinos que mostró el chisme a Bush decía: "El asunto entero es ridículo. Lo que le sorprendió es la capacidad del lector de leer y reconstruir una etiqueta rasgada". Sin embargo, la imagen de patricio distante y acaudalado de Bush pasó factura.

Obama, por contra es "el hombre de a pie".

Pero Obama ha llevado desde hace mucho tiempo una vida que no tiene nada que ver con la del ciudadano corriente. Su madre tenía un doctorado en antropología. Su padre obtuvo una beca al graduarse para obtener un doctorado en económicas en Harvard. Obama fue criado un tiempo por sus abuelos maternos –empresario de éxito uno, ejecutivo de banca la otra–. Asistió al centro privado más prestigioso de Hawai para preparar la selectividad, la Punahou School. Obama pasó sus dos primeros años universitarios en el elitista centro privado de California Occidental, antes de pasar a Columbia, de las ocho antiguas, y luego a la Facultad de Derecho de Harvard. Conoció a su futura mujer, Michelle, en un bufete de Chicago de altos vuelos y grandes sueldos donde ahora un pasante en su primer año gana el sueldo "relativamente modesto" de unos 160.000 dólares.

Obama, para replicar a esto y quedar más campechano, tira al parecer de una página del manual del New York Times... y se inventa cosas. En la campaña de 2008, por ejemplo, dijo que su madre y él pasaron un tiempo dependiendo de las cartillas de comida, algo que de alguna forma se le pasó incluir en su autobiografía. Convenientemente, no hay ningún registro que confirme ni refute esto. Y Obama, al apelar a la defensa emocional de la reforma sanitaria ObamaCare, dijo repetidamente que su madre, mientras yacía por un cáncer en un hospital, llevó a su aseguradora a los tribunales para que le pagara sus facturas.

Pero según un periodista del New York Times, en un libro que por lo demás cuenta maravillas de la madre de Obama, a ella le pagaron realmente sus facturas médicas –menos la parte deducible y el copago– sin mediar disputa. Obama no tuvo que afrontar nada porque a) el periodista está de pronto "desaparecido" para ofrecer entrevistas, y b) a los medios no les interesa y Obama nunca ha sido preguntado directamente por esta contradicción.

Las conclusiones: cuando alcanzas el nivel de gobernador o senador de los Estados Unidos –y no hablemos de presidente– estás distante. Claro, de vez en cuando la Reina Victoria baja de su carruaje y se mezcla con la prole. Pero luego vuelve al mundo del poder y la pompa. Es un mundo en donde la gente te regala constantemente los oídos. Es un mundo en el que se come fuera casi todos los días, donde hay chóferes, asistentes, gente que lleva tu equipaje, te hace la maleta, te hace la compra, te pasea al perro, se encarga de los arreglos de tus viajes, monta tu agenda, te recuerda los cumpleaños, los aniversarios y los nombres de tus hijos. A pesar del rostro curtido de tantos políticos, viven en un mundo de jornadas semanales limitadas, con becarios que se encargan de lo aburrido. ¿Por qué cree que quieren salir reelegidos?

Pero los Demócratas, por definición –con independencia del dinero que tengan– están a partir un piñón con la gente corriente, y los republicanos son hijos de puta egoístas y elitistas.

© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.

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