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Llewellyn H. Rockwell

Un gobierno de estilo soviético

En 1920, Mises predijo el futuro del socialismo soviético: tendrán miles de fábricas operando y produciendo cosas diferentes a lo que la gente quiere y necesita. Lo mismo está sucediendo con la planificación norteamericana de la economía de Irak.

Se nos dijo que Estados Unidos fue a Irak para derrocar a un peligroso dictador y establecer la democracia. Pero las fuerzas armadas norteamericanas intentan algo mucho más difícil: tratan de levantar una economía sin el funcionamiento de un vigoroso mercado, algo que jamás se ha logrado en ninguna parte del mundo.

En la ciudad de Faluya no funciona la economía. EEUU bombardeó hace tiempo todo. No hay agua potable, pero sí escombros por todas partes. Hay electricidad unas cuatro horas cada día, pero nadie sabe cuándo llegará la luz ni cuánto durará. Piense cómo sería su vida en un lugar así.

Los militares norteamericanos han asumido la responsabilidad de la reconstrucción de Irak, donde 90% de los proyectos están atrasados y se siguen retrasando. En Faluya se ha prometido que el 80% de las viviendas tendrán agua limpia para el otoño y también se promete el acceso a Internet.

¿Cuánto va a costar eso? ¿Un par de cientos de millones de dólares o, quizás, varios miles de millones? Lo sabremos cuando lo terminen.

El agua corriente requiere electricidad y EEUU no ha logrado que las plantas generen electricidad. Hay escasez de gasolina porque quienes fueron eficientes tumbando a Sadam Husein no han logrado extraer suficiente petróleo, refinarlo y ofrecerlo a los consumidores. Y la gasolina se puede vender sólo a un preció controlado, muy bajo. EEUU impone ese control de precios y quienes operan en el mercado negro son perseguidos y van a la cárcel.

El actual problema económico de Irak no es nada diferente al que siempre ha afligido a todas las economías socialistas, centralmente planificadas. Recordemos el plan de Stalin de electrificar a Ucrania, el cual no fue muy diferente al plan actual de Bush de modernizar a Irak: un desastre tras otro, en medio de despotismo y muerte.

¿Por qué la planificación socialista no funciona? Porque los medios de producción no están en manos privadas y, por lo tanto, no hay libre intercambio, con la gente ofreciendo en venta lo que los demás quieren comprar. Eso significa que no hay manera de calcular las ganancias ni las pérdidas, por lo que tampoco se puede determinar la mejor utilización de escasos recursos. Es decir, la economía simplemente no funciona.

Digamos que hay una cantidad limitada de gasolina. ¿Debe utilizarse para limpiar escombros, construir plantas eléctricas o transportar material de construcción para nuevas escuelas? No hay manera de seleccionar la mejor alternativa y lo mismo sucede con todos los demás recursos. Así, las prioridades son determinadas arbitrariamente por el planificador central. En este caso significa que los habitantes de Faluya pueden disfrutar de videos, pero no tienen agua potable. La analogía con la Ucrania comunista es evidente: tenían electricidad, pero se morían de hambre.

El problema con los precios o el problema con el cálculo de precios, como decía el economista Ludwig von Mises, ineludiblemente conduce al fracaso de todo intento de planificación. Toda la policía secreta y los soldados de Stalin no lograron que se cosechara suficiente alimento para los rusos. Los procesos productivos son complicados y jamás pueden ser dirigidos eficientemente por una burocracia.

Que Washington haya subcontratado a empresas privadas 90% de los 18.000 millones de dólares asignados por el Congreso para la reconstrucción de Irak puede incrementar la eficiencia, pero no resuelve el problema del cálculo económico. Las decisiones sobre qué, cuánto y cómo fabricar y producir la siguen tomando los burócratas. Y los subcontratistas no son dueños de lo que producen ni son quienes lo venden. A ellos les dicen lo que tienen que hacer y dónde recoger su cheque.

En 1920, Mises predijo el futuro del socialismo soviético: tendrán miles de fábricas operando y produciendo cosas diferentes a lo que la gente quiere y necesita. Lo mismo está sucediendo con la planificación norteamericana de la economía de Irak: se gastarán miles de millones de dólares en cientos de proyectos, sin lograr determinar lo que es económicamente conveniente hacer.

Mientras tanto, la gente seguirá sufriendo penurias y bombas, bajo gobiernos inestables y una economía que no recupera su nivel anterior a la guerra. El agua seguirá inmunda en Faluya, la electricidad no será confiable y los residentes no estarán entretenidos en la Internet.
© AIPE
 
Llewellyn H. Rockwell es presidente del Mises Institute y editor de LewRockwell.com.

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