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Otra estafa de Zapatero

Si la gestión de Zapatero la hubiera realizado el presidente de una empresa, haría mucho tiempo que estaría durmiendo a la sombra. Pero como lo hace desde el Palacio de La Moncloa es un ejemplo de "solidaridad".

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Zapatero está desesperado y ha elegido emplear la propaganda como única vía para intentar salvar la cabeza y recuperar el apoyo ciudadano perdido por su lamentable gestión al frente del Ejecutivo. El presidente del Gobierno, que aprendió economía en dos tardes, ha dilapidado la riqueza generada en España durante la etapa del "boom" inmobiliario, abriendo un agujero en las arcas públicas sin precedentes, aumentando el volumen de personas que viven bajo el umbral de la pobreza, con casi cinco millones de parados y todos los sectores de la economía en caída libre, incluyendo la industria y los servicios; actividades que, según el Ejecutivo, iban a impulsar la recuperación.

La ausencia de reformas estructurales y la ocultación de la deuda de las inmobiliarias y constructoras bajo la alfombra de los bancos y cajas de ahorros han puesto a España en una situación de emergencia nacional. Ahora es demasiado tarde para salir del atolladero y Zapatero y sus aliados parlamentarios han decidido hacer propaganda para que los ciudadanos sigan dormidos en el sueño socialista, mientras se empobrecen y son expoliados por la casta parasitaria que dirige los designios del Estado. El PP de Mariano, como buen partido socialista, se une a la fiesta del pensamiento único y compra el discurso de la izquierda en privado, aunque de vez en cuando lo critique en público para cortejar a una parte de su electorado.

En medio de este desastre nacional, Zapatero lanza un nuevo globo sonda que tendrá su plasmación normativa. Anuncia que creará una "Ley de Economía Social" sin especificar su contenido, durante un acto al que fueron invitados el secretario general de UGT, Cándido Méndez, y la número dos del Ministerio de Trabajo, Maravillas Rojo. Ninguno de los dos conocía la propuesta, pero la secretaria de Corbacho entendió perfectamente la intención del Zapatero: "Esto es un acto para que el presidente del Gobierno diga que la economía social es importante y ya está".

Así, el Consejo de Ministros aprobará esta nueva norma el próximo 26 de febrero para seguir estafando a los ciudadanos y las empresas, y dar subvenciones a los amigos; todo ello con la intención de tapar los verdaderos problemas sociales que se generan cuando un país se va al garete, tanto política como económicamente.

Pero, ¿qué es la economía social? Según la tesis socialista se trata de las medidas de intervención estatal que sirven para acabar con la desigualdad de la sociedad, redistribuyendo la riqueza y creando un sistema de protección para los ciudadanos que tienen un menor poder adquisitivo. Aquí se incluiría principalmente el gasto en Sanidad, Educación, Seguridad Social. Planteado de esta forma, ¿quién podría negarse a aumentar el "gasto social"?

Sin embargo, como sucede con todas las políticas colectivistas, el impulso del "gasto social" es una gran trampa que acaba con la poca capacidad de maniobra de la que disfrutan los ciudadanos. El socialismo utiliza al Estado, gracias a que se ha otorgado el monopolio de la violencia (con la policía y los tribunales) y del robo institucional (con el cobro de impuestos), para cercenar las libertades individuales y atentar de forma sistemática contra los derechos de propiedad, todo ello con el único objetivo de que los políticos y las personas y empresas que ellos elijan se aprovechen del trabajo diario del resto de la población.

El fraude se encuentra en relacionar el aumento del "gasto social" con la mejoría de las condiciones de vida de los ciudadanos. Esto es una falacia, ya que cuando se eleva el desembolso estatal siempre se hace a costa del expolio de una parte de la sociedad, que nunca es la más pudiente, sino la que no es capaz de ocultar sus ingresos al Fisco con la ayuda de paraísos fiscales, instrumentos de inversión como las SICAV, caros bufetes de abogados o privilegios de la clase política. Es decir, que quienes pagan el gasto son las familias de clase media (reduciendo sus posibilidades de consumo y ahorro), así como las empresas (limitando su capacidad para crear empleo).

Que nadie se engañe. Un sistema por el cual gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos recaudan un 40% del salario de los ciudadanos y los beneficios de las empresas para luego "revertir" estos ingresos en la sociedad, es un modelo ineficiente que raya lo delictivo, debido a la enorme discrecionalidad en el reparto del pastel tributario. Si además se incluye en el análisis el hecho de que hasta el 75% de los sueldos de los políticos está exento de impuestos, el fraude salta a la vista.

La campaña de propaganda alcanza su máxima expresión cuando el Gobierno defiende el aumento del "gasto social" para garantizar los subsidios. Señor Zapatero, cuando crece el desembolso en prestaciones por desempleo (principal partida que impulsa en estos momentos el desembolso estatal) es porque hay más parados, y esto no tiene nada de "social". El mismo argumento es extensible en el caso de las pensiones, el gasto sanitario, el educativo y el resto de partidas que componen este gasto.

Pero lo más sangrante es el uso de los recursos públicos que hace el Ejecutivo con la etiqueta de "social". El dinero de los impuestos sirve para que la ministra Aído diseñe mapas del clítoris femenino, para que el ministro Moratinos ayude a que los ecuatorianos aprendan a tocar la marimba, para que los gays y lesbianas de Zimbabue se integren en la sociedad o para que los chavales de Extremadura aprendan a masturbarse. Estos son sólo algunos ejemplos, pero hay muchos más. Y todo ello sin incluir la barbaridad del Plan E, por el cual 8.000 millones de euros de todos ustedes se han tirado por el desagüe y otros 5.000 millones van camino de ello.

Cuando les hablen de "gasto social" piensen seriamente en lo expuesto en estas líneas para no ser engañados como a niños de baba. No compren el discurso de que se suben los impuestos para pagar a los parados y a los jubilados, porque las prestaciones por desempleo y las pensiones están garantizadas por Ley. Otra cosa es que el Gobierno se haya gastado un dinero que no le pertenecía y que ahora intente convencerles de la necesidad de "arrimar el hombro". Si la gestión de Zapatero la hubiera realizado el presidente de una empresa, haría mucho tiempo que estaría durmiendo a la sombra. Pero como lo hace desde el Palacio de La Moncloa es un ejemplo de "solidaridad" con los más pobres, aunque se gaste su dinero y deje España como un solar. Claro que a él le da igual, cuando deje la presidencia se dedicará a vivir de las rentas que ustedes generaron.

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