En la película "El golpe", dos simpáticos estafadores (Paul Newman y Robert Redford) organizan un monumental tinglado para vengar la muerte de otro truhán amigo suyo, que había sido asesinado por un mafioso tan cruel como antipático.
El guión de esta magistral película es sencillamente perfecto; no es de extrañar que recibiera un óscar. En él se relata con meticulosidad la planificación y ejecución de esa monumental estafa. Los dos protagonistas deciden despojar al mafioso de su dinero y para ello montan un tinglado con el fin de convencerle de que apueste una cantidad astronómica a las carreras de caballos. Como gancho, Newman y Redford tratan de demostrar al mafioso que disponen de información privilegiada sobre los resultados de las carreras.
Para llevar a cabo la estafa, los protagonistas no reparan en gastos ni en imaginación: falsos garitos de apuestas, actores contratados para que parezcan apostantes, falsas "gargantas profundas" que dan soplos sobre los resultados de las carreras, policías de pega, ... Los estafadores no dejan ni un solo detalle al azar, de forma que el mafioso termina depositando en la ventanilla de apuestas un millón de dólares.
Sin embargo, lo que hace sobresaliente a esta película es su extraordinario final. Para rematar la jugada, los dos simpáticos truhanes preparan un fin de fiesta que incluye la falsa muerte de los dos estafadores, muerte que se produce ante los mismos ojos del mafioso. De ese modo, el mafioso pierde su dinero y, sin embargo, queda convencido de que quienes se lo han arrebatado ya han pagado con su vida semejante atrevimiento. Estafa perfecta: se despluma al pardillo y éste, encima, se queda contento.
La única duda que nos queda a estas alturas es si el enorme tocomocho de la versión oficial del 11-M se fraguó antes o después de los atentados. De lo que no cabe duda alguna es de que estamos ante el timo del siglo.
Hoy publica Libertad Digital una noticia que refleja perfectamente la magnitud de la estafa. Retrocedamos en el tiempo y recordemos el "discurso lógico" que se nos vendió entre el 11-M y el 14-M: en esencia, lo que entonces se nos dijo era que:
Pues bien, Libertad Digital ya publicó una noticia hace varios meses que demostraba la falsedad de la primera de esas afirmaciones: según la declaración ante el juez del jefe de los tedax encargado de las tareas de desactivación el 11 de marzo, la inspección ocular de los trenes revelaba que lo que había estallado eran explosivos de origen militar, "tipo C3 o C4".
La noticia de hoy revela que a ETA se le incautaron en Francia 100 kg de Semtex (una versión checa del explosivo militar C4) al día siguiente de la explosión del piso de Leganés. Por tanto, y a diferencia de lo que nos vendieron, el razonamiento correcto era:
No estamos hablando de datos averiguados tras arduas y laboriosas investigaciones: de lo que hablamos es de un dato (utilización de explosivo militar en los trenes) que se conocía ya el 11-M y de otro dato (la posesión de explosivo militar por parte de ETA) que quedó confirmado menos de un mes después.
Estamos hablando, por tanto, de datos que se ocultaron a la opinión pública no sólo en los días y semanas inmediatamente posteriores a los atentados, sino que se han ocultado durante más de dieciocho meses. ¿Se imagina el lector cómo habrían cambiado las circunstancias estos últimos dos años si el 5 de abril de 2004 se hubiera hecho público el siguiente titular: "Incautan a ETA una partida de explosivo como la utilizada en los trenes de la muerte"? ¿Habría podido tomar posesión Zapatero sin convocar inmediatamente nuevas elecciones? ¿Habríamos tenido estatuto catalán? ¿Habríamos tenido que asistir a esta acometida contra el marco institucional que los españoles pactamos en 1978? La respuesta a estas tres preguntas es un rotundo "no". De ahí la magnitud de la estafa.
Porque lo cierto es que, para construir la estafa, no se ha reparado en gastos, ni en dinero. No se ha vacilado en sacrificar confidentes policiales y agentes de nuestros servicios de inteligencia, a los que se ha quemado en un intento de construir una trama creíble de transporte de los falsos explosivos. No se ha vacilado en desmantelar las células de infiltración que el propio CNI había montado dentro del mundo del radicalismo islámico, con el fin de disponer de unos culpables oficiales. No se ha vacilado en pedir ayuda a nuestro vecino del sur para montar el teatro de Leganés, con el que poder construir un fin de fiesta que redondeara la estafa convenientemente. Hay pocas cosas de las que podamos estar seguros en el 11-M, pero una de ellas es que quien organizó la estafa había visto la película "El golpe": el final de fiesta en Leganés es inconfundible.
Hay también otra cosa de la que no cabe ya dudar a estas alturas: si las estafas funcionan es por la pura y simple razón de que continúa habiendo primos. Aunque parezca increíble, todavía hoy, después de dos años de investigaciones, después de desmontar pieza a pieza la versión oficial, todavía encuentro algún dirigente del PP que está convencido de que quienes les arrebataron las elecciones y les echaron a patadas del poder son los pringados que murieron en Leganés. Una estafa perfecta.