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Los enigmas del 11M

Estado de máxima desconfianza

Hace mención Lat en el hilo anterior a la tesis de Lookfor, uno de los mejores analistas del blog, acerca de la reunión de Perpignan.

Muchas veces, en las conferencias, me han preguntado si en Perpignan se pactó el 11-M entre ETA y Carod-Rovira, y siempre respondo lo mismo: suponiendo que yo fuera ETA y suponiendo que yo quisiera organizar el 11-M, al último al que le comunicaría mis planes es a Carod-Rovira, que está aquejado (o al menos lo estaba, porque últimamente parece desaparecido en combate) de una irrefrenable incontinencia verbal.

La tesis de Lookfor es correcta: el único objeto de la reunión de Perpignan y de la declaración de tregua parcial en Cataluña era inducir un estado de máxima desconfianza entre PP y PSOE, tanto a nivel de dirigentes como, especialmente, de votantes. La operación de inteligencia del 11-M no requería que mucha gente estuviera al tanto del golpe de régimen. Es más, requería que sólo estuviera al tanto la mínima gente imprescindible. Pero lo que sí hacía falta era garantizar que los actores involuntarios del golpe (políticos, periodistas, simples votantes) estuvieran adecuadamente preparados, al llegar la fecha del atentado, para responder a los estímulos que habría que aplicar.

Esa preparación previa adoptó muchas formas y una de esas formas fue la reunión de Perpignan. Igual que otra de esas formas fueron los dos evidentes señuelos "plantados" antes del atentado: Chamartín y Cañaveras.

Había que poner al electorado del PSOE y de sus socios nacionalistas contra las cuerdas. Había que insuflar en ellos el convencimiento de que "el PP iba a por ellos". Era la única manera de garantizar que el movimiento de péndulo (en acertada expresión de otro bloguero) animara a los electores más movilizados a salir en masa a la calle en la jornada de reflexión. En aquellos aquelarres delante de las sedes del PP, en plena jornada de reflexión, había bastante de venganza pura y dura por lo que se percibía como una agresión injusta del PP a cuenta de Perpignan.

Había que insuflar también en el común de los electores la idea de que el gobierno del PP utilizaba la lucha antiterrorista a su favor, para ganar unas elecciones que la guerra de Irak le podía hacer perder. Había que deslizar la idea de que el gobierno mentía en temas de lucha antiterrorista. De ahí la campaña de dudas sobre la furgoneta de Cañaveras (muy oportuna esa cronología del Foro El Salvador que has traído a colación, Tadpole) en la que destacados dirigentes del PSOE dejaron caer la posibilidad de que el episodio de Cañaveras fuera un montaje.

Había que insuflar en el electorado del PP, y especialmente en sus dirigentes, la idea de que ETA iba a atentar en campaña electoral, y de que lo iba a hacer contra trenes, utilizando mochilas-bomba y en el Corredor del Henares. De ahí la pantomima de atentado de Chamartín y la pantomima de caravana de la muerte de Cañaveras, con mención a un atentado en Baqueira en el que habrían de usarse 12 artefactos y con un oportuno mapa en el que el Corredor del Henares aparecía señalado con un óvalo.

Con ese contexto, y poniéndose en la piel de los dirigentes del PP, ¿cómo no creer que era ETA la que había atentado? ¿Cómo fiarse, en esas circunstancias, de unos partidos (PSOE, nacionalistas) que acababan de pactar con esos mismos asesinos en Perpignan? ¿Cómo sustraerse a la tentación de aprovechar las circunstancias para asestar un golpe electoral definitivo a quienes habían pactado con los terroristas?

Y, mirando las cosas desde el otro lado del cristal, es decir, desde la óptica de un votante socialista o nacionalista, ¿cómo sustraerse (al dar la vuelta la tortilla con la aparición de las primeras "pruebas" de la autoría islámica) a la tentación de devolver al PP los golpes y acusaciones que habían estado recibiendo? ¿Cómo resistirse a pasar factura a ese canalla bigotudo que les había equiparado con ETA por el asunto de Perpignan?

La única incógnita aquí es el papel de los dirigentes del PSOE. Y es una incógnita porque, en realidad, el golpe de régimen no tenía por objeto provocar un cambio de gobierno: el cambio de gobierno no era más que un medio necesario para conseguir el fin previsto, que era iniciar la voladura controlada de la Constitución. Lo cual nos lleva a la pregunta de si los dirigentes del PSOE fueron simples actores involuntarios en ese drama (a los que también se indujo a un estado de máxima desconfianza) o si, por el contrario, participaron en la elaboración del guión.

Quien tiene la respuesta a esa pregunta son los propios dirigentes del PSOE: el señor Ibarra, por ejemplo, tiene que saber quién fue el que le dijo que saliera a la palestra pocos días antes del 11-M para sembrar dudas sobre la operación de Cañaveras, que en efecto era un montaje, pero de signo inverso al que él quiso dar a entender. Sería enormemente útil que el ex-presidente de la Junta de Extremadura hiciera memoria y tirara de ese hilo, porque en el otro extremo de ese hilo se hallan las respuestas a las preguntas que venimos planteando desde hace tres años. Es muy posible que el señor Ibarra no supiera nada del guión del 11-M, pero quien lo sabe todo de ese guión es aquél que dio las órdenes para que los dirigentes del PSOE salieran en tromba a sugerir que Cañaveras era un montaje del PP.

Analizando las cosas desde el punto de vista de ese estado de máxima desconfianza que tan hábilmente fue inducido antes del 11-M, muchos de los sucesos posteriores a los atentados adquieren otra significación. Así, por ejemplo, el papel de las dos mochilas señuelo y de la tarjeta del Grupo Mondragón en el salpicadero de la Kangoo, "pistas" que probablemente apuntaban a ETA de una forma bastante grosera. ¿Se trataba acaso de deslizar entre determinadas personas de las FyCSE la idea de que el atentado pudiera haber sido organizado por personas afines al propio gobierno del PP, que habrían dejado unas chapuceras pistas apuntando a la banda terrorista para así ganar las elecciones de calle? ¿Se trataba quizá de conseguir, de esa manera, la colaboración entusiasta de determinados funcionarios policiales para la sustitución de esas pruebas falsas que apuntaban a ETA por otras pruebas falsas que apuntaran a islamistas, que eran (según los "servicios amigos", sea eso lo que sea) los "verdaderos" culpables? Por supuesto que las pruebas falsas del 11-M parecen improvisadas: porque muy probablemente lo fueron.

Otro ejemplo: la colaboración de ETA en la colocación de los señuelos no se hubiera podido conseguir sin una forma de transmitir a la dirección de la banda la necesidad de poner en marcha las operaciones de Chamartín y Cañaveras. ¿Qué papel jugaron en ese traslado de información los infiltrados que nuestros propios servicios tenían dentro de la cúpula etarra? Porque los infiltrados sirven para transmitir información en dos direcciones, no sólo en una. En ese sentido, ¿qué papel juegan las detenciones de miembros del aparato de logística de ETA efectuadas en torno a ese 3 de abril en que explotó el piso de Leganés? ¿Se estaba "aparcando" con esas detenciones a algún infiltrado que ya había sido "quemado" en la operación?

Como suelen decir algunos miembros del blog, había dos trolas: una etarra, la otra mora. Y un único grupo moviendo los hilos para conseguir que los demás bailáramos en el escenario a los acordes de la música que debía empezar a sonar nada más producirse las explosiones. Y todos bailamos voluntariamente la pieza que interpretaron, porque todos habíamos interiorizado esa máxima desconfianza hacia nuestro vecino.

La campaña de desinformación previa al 11-M fue una auténtica obra maestra. Es una lástima que esa maestría en operaciones de inteligencia no se aplicara a proteger a España frente a las amenazas que tiene planteadas, sino a conseguir la superación definitiva de esa estación de tránsito denominada Constitución de 1978.

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