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Los enigmas del 11M

¿Se repite la Historia? (I)

Si uno analiza la situación presente del mundo occidental y la compara con la del mundo grecorromano entre los siglos I a.C. y I. d.C., aparecen por doquier curiosos paralelismos. Algunos de esos parecidos son fundamentalmente circunstanciales, como por ejemplo los existentes entre la Guerra de Yugurta y las dos Guerras de Iraq; o entre la vida y muerte de los hermanos Graco y la de los hermanos Kennedy; o entre la Guerra contra los Piratas que amenazaban el suministro de grano a Roma y la lucha contra la Al Qaeda que amenaza el suministro de petróleo a Occidente.

Pero, al lado de esos parecidos circunstanciales, cuando se analiza comparativamente y con un poco más de perspectiva la evolución del mundo grecorromano y del mundo occidental, se pueden percibir paralelismos relativos a las tendencias de fondo de la sociedad que llevan a preguntarse si es que la Historia se repite de manera cíclica.

El mundo grecorromano vivió la misma evolución de las formas políticas que ha vivido nuestra sociedad occidental, pasando por el feudalismo, el estado de clases, el absolutismo, el napoleonismo y la democracia. Y la duración de cada una de esas fases resulta relativamente similar en ambos casos. Otras sociedades, como la antigua China y el antiguo Egipto, sufrieron también en su día el mismo tipo de evolución. Y no sólo en el campo político se mueven las sociedades siguiendo rutas aparentemente paralelas; en otros terrenos, como por ejemplo el de las formas artísticas, también sucede lo mismo.

Es ese paralelismo en la evolución de las sociedades el que ha llevado a muchos historiadores a preguntarse, a lo largo del tiempo, si existen leyes inmutables que marquen el proceso de nacimiento, desarrollo y muerte de las civilizaciones.

No se trata de una curiosidad meramente académica. Si esas leyes existen, entonces podemos deducir cómo evolucionará nuestra propia sociedad, estudiando cómo lo hicieron otras sociedades anteriores. Y se da el caso de que en esas sociedades anteriores la democracia terminó por dejar paso a la tiranía, con el advenimiento de lo que se llama "cesarismo", paso previo a la formación de un auténtico imperio universal que abarcaba a todas las naciones incluidas dentro de esa sociedad. Una vez formado un imperio universal, las sociedades se petrifican y terminan sucumbiendo ante las acometidas de otra civilización externa

¿Sucederá lo mismo en nuestro mundo occidental? ¿Es la democracia un mero interregno entre el napoleonismo y el cesarismo, entre la monarquía absoluta y el imperio? ¿Estamos condenados a que, en un plazo no muy largo (si nos atenemos a lo que sucedió en el mundo romano) Occidente entero esté gobernado por un nuevo Julio Cesar, desde una nueva Roma, que probablemente esté situada en Washington, o en Nueva York, o en Los Angeles, o en Miami o en Toronto?

Es el alemán Oswald Spengler el que estableció, modernamente, las bases para ese estudio comparado de las civilizaciones, con su obra "La decadencia de Occidente", publicada en 1917 (Nota 1). Resulta sorprendente leer hoy algunos pasajes del libro de Spengler, como por ejemplo cuando se atreve a predecir (¡en 1917, en plena Primera Guerra Mundial!) la futura desaparición de la institución del servicio militar obligatorio, o la evolución hacia el imperialismo que forzosamente debería experimentar el régimen soviético recién instaurado, simplemente a partir del análisis de lo que había sucedido en otras civilizaciones anteriores.

Pero es otro autor, el inglés Arnold J. Toynbee, el que recoge y perfecciona las ideas de Spengler, desarrollando entre 1934 y 1961 un exhaustivo análisis comparado de las civilizaciones que hasta la fecha han existido. En su obra en doce tomos "Estudio de la Historia" (Nota 2), Toynbee sistematiza lo que en Spengler son básicamente ideas inspiradas.

En esencia, de los estudios de Spengler y de Toynbee se desprende que, en efecto, nada puede salvar a las civilizaciones de cometer los mismos errores que sus predecesoras. O, mejor dicho, de seguir un mismo tipo de evolución, que termina indefectiblemente con la muerte de esa civilización.

¿Es eso así? ¿Están las naciones occidentales condenadas a terminar formando parte de un Imperio Universal de Occidente, gobernado por una cualquiera de las naciones que actualmente se integran en la civilización occidental, para terminar desapareciendo ante los embates de otra civilización más pujante?

Resulta curiosa la falta de seguidores que ha tenido esa escuela de pensamiento inaugurada por Spengler y Toynbee (Nota 3), especialmente si tenemos en cuenta que el desarrollo de la sociología y de la tecnología informática en las últimas décadas abren la puerta a la realización de modelos matemáticos que servirían para tratar de capturar la enorme complejidad de las interacciones sociales. Al fin y al cabo, eso mismo se hace ya en otros campos de complejidad extraordinaria, por ejemplo con los modelos macroeconómicos, así que ¿por qué no aplicar las nuevas tecnologías a la investigación histórica y al intento de predecir la evolución futura de las sociedades?

Pero volvamos a la cuestión que planteábamos: ¿está realmente escrita nuestra Historia futura? En el siguiente hilo expondremos los argumentos en que se basa la crítica, enormemente inteligente, que Karl Popper hizo a estas tesis "deterministas" del campo de la Historia.

Después, en el último hilo de la serie, volveremos a la cuestión de las amenazas que acechan a los regímenes democráticos y analizaremos una de esas tendencias "universales" de carácter letal que se manifiestan en las etapas previas a la instauración del cesarismo. Y hablaremos un poquito, en este sentido, de los servicios de inteligencia.



Nota 1. En español, existe una edición excelente, de 1976, publicada por Espasa-Calpe y con traducción de Manuel G. Morente.

Nota 2. En español, está publicado el "Estudio de la Historia" al completo (por ejemplo, por Emecé Editores, Buenos Aires, 1951), pero resulta mucho más recomendable leer el compendio en tres tomos elaborado por D. C. Somervell (con autorización del propio Toynbee) y que en España fue publicado en 1970 por Alianza Editorial.

Nota 3. Recientemente, José Manuel Otero Novas ha publicado en España un ensayo titulado "El retorno de los Césares", dedicado a esta cuestión del carácter cíclico de la Historia.

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