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Fórmula 1

El virus que padece la F1 y que no es covid

La verdad es que la paciencia se agota, y te tienen que gustar mucho las carreras y tener muchas fe en que algo cambie.

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La verdad es que la paciencia se agota, y te tienen que gustar mucho las carreras y tener muchas fe en que algo cambie.
Hamilton, siempre favorito. | EFE

Uno siempre afronta la carrera de Montmeló con más pereza de lo habitual, porque si bien es cierto que es un circuito que calibra, que prepara muy bien los monoplazas, se convierte en una trampa para los coches que no tienen zonas claras de adelantamientos ni huecos para ganar posiciones. No es Mónaco ya que este es un trazado urbano, pero la pista barcelonesa es lo más parecido que existe a la pista monegasca por la falta de oportunidades que deja a los pilotos y por lo tanto, las pocas oportunidades que deja a la afición para que la carrera no te duerma.

Con todo, este domingo algo parecía diferente, Verstappen que adelanta en la salida a Hamilton, Alonso que aguanta en el top diez y Carlos que mantiene sus opciones a escalar posiciones. Pero a falta de diez vuelta para hacer caer la bandera a cuadros, todo se coloca como viene colocándose los últimos cinco años, ¡CINCO AÑOS! Es decir, Hamilton gana, Carlos no puede acercarse al podio y Alonso sigue sin coche, ¿les suena? Lewis Hamilton lleva haciendo esto mismo cinco años, en los que nadie ni nada han hecho cambie, se anime, etc. ¿Dónde están esas luchas que nos engancharon a muchos a este deporte, entre Lauda y Hunt, Sena y Prost o Hill y Schumacher?

La verdad es que la paciencia se agota, y te tienen que gustar mucho las carreras, tener muchas fe en que algo cambie, para seguir sentándote cada domingo frente al televisor y aguantar unas 60 vueltas de media, esperando que pase algo diferente, pero no pasa, y la paciencia se agota. Se agota la paciencia, se agota la fe en que el piloto que nos hizo soñar, Fernando Alonso, vuelva como todos queremos que vuelva, y en días como hoy uno pierde hasta la confianza en que Carlos Sainz sea el piloto que todo el mundo espera que brille, se enfade y llegue al podio y consiga la victoria.

Está claro que aquí los únicos que ganan son Mercedes, que han hecho un coche que se debería prohibir de lo perfecto que les ha salido, y Hamilton que es tan bueno como el coche y que ha convertido algo complicadísimo, ganar siempre, romper todos los récords, siete Mundiales casi consecutivos, en algo normal, habitual, es decir, aburrido. No quisiera yo restar mérito a Lewis que es sin duda uno de los mejores. No es el mejor, precisamente por la supremacía del Mercedes y porque nunca antes, en ninguna otra época de la Fórmula 1, los coches habían tenido tanto peso en el resultado de las carreras.

No digo que haya que regar los circuitos de agua, como llegó a proponer en su día Bernie Ecclestone, o que los pilotos roten por todas las escuderías, o que le aten una mano Hamilton o le quiten una rueda al Mercedes, pero por favor, ¡hagan algo! Empresarios, equipos y pilotos miren ustedes lo que ha hecho Dorna con las motos, vayan a verles, pregunten como han convertido un campeonato de Honda contra Yamaha en un todos contra todos, apasionante y divertido. Háganlo, aunque sea por la afición que a fin de cuentas es que quien paga todo este circo.

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