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Operación Rosa Díez

Rosa Díez ha decidido contribuir a poner en marcha un nuevo partido en el ámbito de la izquierda socialista y constitucionalista. Mi opinión al respecto es que se trata, de nuevo, de una jugada más para intentar evitar un triunfo del PP en las siguientes elecciones. Trataré de explicar por qué.
 
En primer lugar, creo que el mensaje que Rosa Díez lanza con esa iniciativa del nuevo partido es inherentemente perverso: el Estado se está destruyendo, la Constitución está siendo violada, la Nación está en trance de desaparición y yo estoy enormemente consternada, preocupada y angustiada por todo ello.... pero como no puedo votar al PP, me dedico a fundar otro partido.
 
Es decir, que aunque Rosa Díez perciba que algo enormemente grave para la Nación y para la democracia está sucediendo, no puede votar al único partido que se opone a semejantes dislates. Lo cual quiere decir que, a ojos de Rosa Díez, una victoria del PP es todavía menos deseable que todas esas cosas que dice que tanto le preocupan.
 
Lo que tendría que hacer Rosa Díez es pedir el voto para el partido que está defendiendo aquello en lo que ella cree y que para ella es tan importante. A menos, claro está, que para Rosa Díez los del PP sigan siendo más enemigos que los que están acabando con la Nación, violando la Constitución y destruyendo el Estado.
 
Por tanto, desde el punto de vista de los planteamientos ideológicos, me parece realmente indefendible la postura de doña Rosa.
 
¿Y desde el punto de vista táctico? ¿Acaso no es posible que Rosa Díez haga esta jugada para robar al PSOE los votos de esas personas que, aún estando descontentas con Zapatero, no darían nunca su voto al PP? Insisto en que lo que Rosa Díez tendría que hacer con respecto a estas personas es luchar contra el mensaje perverso del "No se puede votar al PP". Es decir, lo que Rosa Díez tendría que hacer con esos hipotéticos votantes es pedagogía, machacándoles con el mensaje de: "Es obligación de todos, socialistas o conservadores, votar en estos momentos a la derecha, porque lo que está en juego es la Nación, y ante eso no valen nada las diferencias ideológicas".
 
Pero vamos a conceder a Rosa Díez el beneficio de la duda. Vamos a suponer que es que está convencida de que hay muchos votantes descontentos del PSOE que, por mucho que ella se esforzara en hacer pedagogía, jamás votarían al PP. Analicemos lo que sucede en este caso.
 
¿Cuáles son esos potenciales votantes de Rosa Díez? Pues son personas que votaron al PSOE en las últimas elecciones y que comparten las preocupaciones de doña Rosa. Entre esas personas, podemos distinguir tres grupos diferenciados:
 
A.      Los que ya habían decidido, dada la gravedad de la situación, votar al PP en las siguientes elecciones
 
B.       Los que ya habían decidido, dada la gravedad de la situación, abstenerse, porque ya no quieren votar al PSOE pero nunca votarían al PP
 
C.      Los que perciben la gravedad de la situación, pero iban a volver a votar al PSOE porque no había otra alternativa socialista
 
Esos son, y no otros, los votos que Rosa Díez puede recoger.
 
Es decir, Rosa Dïez puede quitarle algunos votos al PSOE (los del grupo C) y movilizar a algunas personas que habían decidido no ir a votar (los del grupo B).
 
Pero también puede quitarle votos al PP (los del grupo A). Esos votos que le quitaría al PP no son de personas que anteriormente votaron al PP, sino votos de personas que dieron su confianza al PSOE en 2004, pero que ya habían decidido apoyar al PP en vista del panorama.
 
El que el movimiento táctico iniciado por Rosa Díez sea beneficioso o no en términos electorales para quienes estamos dispuestos a luchar porque no destruyan la Constitución depende del tamaño absoluto y relativo de esos tres segmentos de votantes.
 
Carezco de datos de encuestas que permitan cuantificar esos tres segmentos, pero mi sensación personal es que el tamaño del segmento C (votantes del PSOE alarmados que, sin embargo, seguirían votando PSOE al no haber alternativas) no es muy grande. Dudo de que, a estas alturas, haya mucha gente que esté verdaderamente consternada por el proceso de destrucción del Estado y, sin embargo, siga planteándose votar a Zapatero. Creo, por tanto, que los dos grupos más numerosos son el A y el B.
 
De acuerdo con ello, cabe diferenciar dos escenarios diferentes, dependiendo de cuántos votos logre atraer doña Rosa:
 
1. Si la iniciativa de Rosa Díez se queda en una operación testimonial, que no llega a conseguir ningún escaño, el efecto que se conseguirá será nulo o perjudicial: el PSOE no va a perder ningún escaño porque se presente el nuevo partido, porque casi todos esos votos robados iban a ir, de todos modos, a la abstención o al PP. Por el contrario, el PP podría no absorber, como consecuencia de la presentación del partido de Rosa Díez, algunos votos cruciales para conseguir nuevos escaños.
 
2. Por el contrario, si el partido de Rosa Díez consigue algún diputado en alguna parte, entonces cabría pensar en que esos diputados se añadieran a los del PP para conformar una mayoría constitucionalista en el Parlamento. Pero la pregunta que surge aquí es: ¿Va a apoyar con sus diputados al PP una Rosa Díez que, de entrada, manifiesta su imposibilidad para apoyar al PP con su propio voto? ¿O, a la hora de elegir un nuevo presidente en el Parlamento, primarán sus convicciones socialistas sobre sus planteamientos constitucionalistas?
 
Ése es el quid de la cuestión. ¿La operación Rosa Díez es, verdaderamente, una operación para quitarle votos al PSOE, o en realidad es otra jugada más para evitar que el PP absorba esos votos que el PSOE está perdiendo?
 
Si detrás de la iniciativa sólo estuviera Rosa Díez, podría creerme la primera posibilidad. Pero, estando también en la operación personas como Fernando Savater, que han dado una serie de bandazos espectaculares en lo que a la negociación con ETA se refiere y que han escrito auténticas canalladas contra la AVT, me temo lo peor: ante lo que estamos es, simplemente, ante una jugada más para arañar votos al PP.
 
O, mejor dicho, para evitar que el PP se los arañe al PSOE. No sé si Rosa Díez está en la jugada o si es que algunos la están, simplemente, utilizando. Pero, a estas alturas, las intenciones personales me dan un poco igual: el infierno está empedrado de buenas intenciones.
 
Otra cosa muy distinta es que alguien como José Bono decidiera hacer una operación similar, o sumarse a la operación puesta en marcha por Rosa Díez.
 
Entonces ya no estaríamos en una operación testimonial, sino ante una auténtica división del PSOE, porque Bono sí es capaz de arrastrar consigo a buena parte del electorado socialista. Por supuesto, esa supuesta división entre socialistas sería sólo pre.electoral, porque después de las elecciones una y otra alas del socialismo unirían sus diputados contra la derecha. Pero al menos conseguiríamos robar escaños al PSOE gracias a las características de la Ley D'Hont, que castigan la división del voto.
 
En fin, resumiendo: que, tal como está el patio, me parece que no estamos para mandangas como la de Rosa Díez. Si alguien no se ha dado cuenta a estas alturas de la operación de destrucción de la Nación que se puso en marcha el 11-M y no ha tomado la única decisión correcta, que es conseguir como sea que triunfe en las elecciones el único partido que está intentando evitar esa destrucción, pues que se lo haga mirar, qué quieren ustedes que les diga.
 
Comente este artículo en el Blog de Luis del Pino, "Los Enigmas del 11-M"

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