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Ajuste macro y micro de nuestra economía

Nos encontramos, me temo, ante dos ajustes: un ajuste macro, de estancamiento o contracción de la demanda, y un ajuste micro, de sustitución de una actividad sobresaturada (vivienda) por otras ramas que toman el relevo (industria y exportaciones).

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Es curioso ver a un macroeconomista que no se refiera en sus predicciones a corto plazo a la evolución de la demanda, como le ha sucedido a Miguel Sebastián en su artículo para El Mundo. Ya sabemos casi todos que a largo plazo sólo cuenta la oferta: la oferta de empleo y la productividad son los determinantes del crecimiento tendencial. Pero cuando nos encontramos ante una posible contracción de la demanda, que en muchos países, como Estados Unidos y en la Europa continental, ya ha empezado a manifestarse, que amenaza con disminuir el ritmo de crecimiento seriamente, predecir que la economía española no se va a ver afectada por tal choque de demanda y que va a crecer literalmente lo que él dice (un 3,3%) suena a ignorancia o simple tomadura de pelo.

Según el docto economista, el fuerte crecimiento de oferta de empleo, inesperado por casi todos, ha sido el determinante del fuerte crecimiento español reciente, y su menosprecio (menos por él, claro) la causa de que las previsiones hayan errado sistemáticamente a la baja. Y la demanda de empleo, ¿no cuenta? Porque sí, es verdad que la oferta de empleo ha sido muy elástica en la década pasada, pero es que la demanda, especialmente en la construcción, ha ido por delante de la oferta: de ahí la caída de las tasas de paro y de la inflación en la vivienda.

Ahora estamos ante un escenario diferente: los precios de la vivienda han dejado de crecer: posiblemente los precios efectivos (no los ofertados) estén bajando a considerable velocidad. Además, resulta que ha habido, y todavía colea, una turbulencia en los mercados monetarios que se ha trasladado a los financieros. Ya se ha encarecido la financiación de la banca y el crédito a clientes. Todo esto, en el menos malo de los casos, va a contraer la demanda de inversión empresarial y la de consumo, hasta un punto difícil de prever pero que, en cualquier caso, hace prácticamente imposible la fortaleza que prevé el citado economista.

A ello hay que añadir que tampoco la economía mundial va a mantener el dinamismo del pasado reciente, lo que afecta a nuestro muy maltrecho sector exterior, lo que no va a permitir una compensación vía exportaciones. Por eso es más realista predecir que la industria se va a ver también tocada, y que no va a poder absorber los despidos que, ineludiblemente, se van a ver en construcción. Si aquí tiene un papel la oferta, es negativo: de inadecuación casi absoluta de la calificación de la mano de obra excedente de la construcción a la industria. Pues si la productividad de la industria ha crecido, como dice el citado economista, es por la innovación tecnológica y la calidad de la mano de obra, ambas apenas presentes en la construcción. Aunque, la verdad, yo creo que todo esto lo sabe muy bien.

No debemos descartar futuras revisiones a la baja; como sucede en EEUU, que se encuentra con un caso similar de crisis inmobiliaria agravada con las restricciones crediticias, que estarán presentes mientras no se liquiden los activos ligados a hipotecas del alto riesgo. La ventaja de Estados Unidos es que habían llegado a subir el tipo de interés al 5,25%, lo que da margen para bajar, como han hecho ya y volverán a hacer probablemente esta semana. Nosotros no tenemos ese consuelo.

Nos encontramos, me temo, ante dos ajustes: un ajuste macro, de estancamiento o contracción de la demanda, y un ajuste micro, de sustitución de una actividad sobresaturada (vivienda) por otras ramas que toman el relevo (industria y exportaciones). Ajuste lento por naturaleza. Mientras, habrá que ver hasta dónde llega la tasa de paro de los excedentes no adaptables, y los problemas sociales que acarreará.

Luis Hernández Arroyo es autor del blog Cuaderno de Arena.

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