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Luis Herrero

Es la salud, estúpidos

La guerra institucional entre el Gobierno y la CAM sube de intensidad: Illa amenaza con aislar Madrid por las bravas y Ayuso está dispuesta a mantener el tipo.

Luis Herrero
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La guerra institucional entre el Gobierno y la CAM sube de intensidad: Illa amenaza con aislar Madrid por las bravas y Ayuso está dispuesta a mantener el tipo.
Ayuso y Sánchez en su reunión de este lunes en la Puerta del Sol. | CAM

El gran problema es que no sabemos muy bien si esta batalla lamentable que enfrenta a los gobiernos de Sánchez y Díaz Ayuso se está librando con criterios políticos o sanitarios. Illa quiere aislar a los habitantes de todo Madrid. Pero, ¿por qué? ¿Quiere preservarles del “riesgo cierto” que les acecha o pretende señalar al PP como un pésimo gestor de la pandemia? Si fuera solo por proteger la salud de los ciudadanos debería solicitar, con los mismos argumentos científicos, que se aislaran decenas de ciudades más. ¿Por qué no lo hace? Aún no ha explicado qué le llevó a cambiar unilateralmente el límite de la franja de confinamiento, bajándola de 1.000 a 500 infectados por cada 100.000 habitantes. ¿Se lo pidió algún experto? No ha enseñado ningún documento que lo a acredite. Y, en todo caso, carece de sentido que el nuevo criterio afecte solo a la ciudad de Madrid. ¿En base a qué extraño criterio discriminatorio tiene que preocuparle más al ministerio de Sanidad la salud de los madrileños que de los riojanos, pongo por caso?

Ese es el razonamiento en el que se hace fuerte la presidenta regional para desoír la recomendación de Illa. Uno de sus colaboradores más cercanos (de la presidenta, no del ministro) me dice: “que sepas que nosotros aceptamos cerrar todas las poblaciones de más de 500 contagios por cada 100.000 habitantes, pero si es en toda España, y no solo en la Comunidad de Madrid, y siempre que al mismo tiempo se hagan PCR en Barajas y en las estaciones de Renfe, que es por donde se está colando el virus”. Aunque parece lógica, confieso que hay algo en esa postura que me chirría. Si es sensato cerrar las poblaciones de más de 500 contagios por cada 100.000 habitantes, ¿por qué no hacerlo independientemente de lo que ocurra en el resto de España? ¿O es que a Díaz Ayuso le preocupa más su imagen personal que la protección de los ciudadanos que viven en su territorio? ¿De qué se trata, de no ser la única autoridad autonómica que recurre a una medida tan drástica o de ser la más sensata? ¿A qué estamos jugando, a hacer política o a combatir el virus?

Es triste decirlo, pero toda esta guerra institucional despide un tufo político que echa para atrás. Creímos, o fingimos creer, que los bandos contendientes se habían percatado de la situación, mala para ambos, y habían decidido fumar la pipa de la paz. De ahí la banderolada del pasado lunes y la creación de un “espacio de cooperación” para coordinar y planificar respuestas mancomunadas contra la pandemia. Las autoridades madrileñas entendieron que el pacto suscrito consistía en que ellos informaban de las medidas que se iban a adoptar y el Gobierno ayudaba a implementarlas. Tres días después, sin embargo, sin que nada sustancial hubiera pasado desde el punto de vista epidemiológico, Salvador Illa cambió las reglas y sostuvo ante el consejero de Sanidad que tenían que hacer lo que él dijera. Ruiz-Escudero puso pies en pared y entonces se montó la parda. Como sería la cosa que al doctor Emilio Bouza, fichado para que se convirtiera en el portavoz del nuevo espacio de cooperación, se le cayeron los palos del sombrajo y en vista del percal puso pies en polvorosa.

La riña ha ido subiendo de intensidad y ahora el ministro amenaza con decretar por las bravas el aislamiento sanitario de todo Madrid. Díaz Ayuso está dispuesta a mantener el tipo. Me dice su colaborador áulico: “Vamos a seguir con nuestro plan de restringir lo necesario y mantener la vida social y económica donde sea posible. No se trata de no cerrar Madrid por orgullo, sino por sensatez. Necesitamos nueve o diez días para demostrar que las restricciones son eficaces. Nuestra obligación es fiarnos de nuestros expertos. Illa ha enloquecido”. Le pregunto: ¿Y si a pesar de todo aíslan Madrid contra vuestro criterio? La respuesta me sorprende: “Lo tienen complicado. No sé quién perdería más, si ellos o nosotros. La opinión pública de Madrid no la tienen a su favor”. Ay, madre, ¡era eso! Espero que sepan que si la situación se complica y aumentan los contagios y los muertos, la idea de que pudieron evitarlo siguiendo los criterios de Sanidad caerá sobre ellos como una cuchilla y los laminará. La opinión pública troca las cañas por lanzas con pasmosa facilidad. 

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