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Luis Herrero

El desastre que viene

No hay otro camino. O Casado se aviene a abstenerse en la investidura de Sánchez, o seguiremos como hasta ahora. Cuanto antes lo asumamos, mejor. 

Luis Herrero
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No hay otro camino. O Casado se aviene a abstenerse en la investidura de Sánchez, o seguiremos como hasta ahora. Cuanto antes lo asumamos, mejor. 
Sánchez recibe a Casado en Moncloa. | EFE

Para hacerse una idea aproximada del desastre que le aguarda al PSOE el 10 de Noviembre (según las encuestas de El País y ABC publicadas este fin de semana) no hay que fijarse solo en la asignación de escaños —uno o dos menos de los que tuvo en abril—, sino en la magnitud aritmética de los cuatro bloques que se mueven por el tablero parlamentario (izquierda, derecha, nacionalismo, independentismo) y en las posibles combinaciones para formar Gobierno.

Hace siete meses, Pedro Sánchez rechazó las dos salidas naturales que le brindaron las urnas para seguir sentado en la cabecera del banco azul: el pacto con Ciudadanos (mayoría absoluta) y el pacto con podemitas y nacionalistas (PNV, PRC y Compromís), auspiciado por la abstención de los independentistas. La segunda fórmula no le alcanzaba para llegar a la mayoría absoluta —lo que convertía la legislatura en un ejercicio de funambulismo sin red— y le exigía dos pagos demasiado onerosos: la entrada de Podemos en el Gobierno y un diálogo fluido con los presos de Lledoners. Sánchez se negó a beber ese cáliz y nos condujo a la repetición electoral, absolutamente persuadido de que los electores acudirían en su ayuda y le darían en noviembre la mayoría clara que le negaron en abril.

Iván Redondo le convenció de que los españoles estaban hartos del bloqueo y que las dos grandes amenazas que iban a poner a prueba este otoño la fortaleza del sistema —reacción en Cataluña a la sentencia del procés y freno de la economía— reforzaría la atracción de una "mayoría cautelosa" hacia las siglas del PSOE. Pero se equivocó por completo. Según las previsiones no tezanistas, el PSOE baja. Y lo que todavía es es peor: sus eventuales socios, también. Ahora mismo ya no caben ninguna de las dos salidas que perfilaron las urnas primaverales. Según ABC, la suma con Ciudadanos pasa de 180 a 137 (a 135, según El País) y la abstención de los independentistas, necesaria para permitir un Gobierno de izquierdas apoyado desde fuera por el PNV, suena a quimera con la que está cayendo en Cataluña después de la sentencia.

Para más inri, según ABC el bloque de la izquierda —PSOE, UP y Más País— va a perder 10 asientos en el Congreso (8 según El País) y el pacto que antes sumaba 173 (con PNV, PRC y Compromís), ahora suma 162 (164 según El País). Si Teruel Existe no se uniera al bloque nacionalista, la derecha —según ABC— podría tener el mismo número de escaños, 162, que Sánchez y Asociados, y el fiel de la balanza parlamentaria quedaría en manos del bloque independentista, que suma dos siglas más (CUP y BNG) a las ya conocidas de ERC, Junts y Bildu.

Con este paisaje, la gobernabilidad de España se antoja mucho más complicada que hace siete meses. O Sánchez se baja los pantalones ante Iglesias (aceptando un Gobierno de coalición que, según dijo, no le dejaba dormir) y logra a cambio de cosas que prefiero no imaginar la abstención independentista (en cuyo caso ganaría la investidura en segunda vuelta por una diferencia de 10 votos, según El País), o se baja los pantalones ante la derecha y busca algún tipo de pacto transversal. En todo caso llegará desnudo de cintura para abajo a la presidencia del Gobierno. La única alternativa es repetir las elecciones por tercera vez.

Puestos a elegir alguna de las dos opciones de un presidente medio desnudo, la del pacto transversal parece, de largo, la más razonable. La otra sería letal para los intereses de la unidad de España: requeriría la abstención independentista en la votación de investidura y —ojo al dato— el voto afirmativo de ERC a los Presupuestos Generales del Estado. ¿Qué pediría a cambio de ese doble compromiso el partido de Junqueras? La defensa de la Constitución, no, desde luego. La gran pregunta, por lo tanto, es la siguiente: ¿cabe un acuerdo PSOE-PP que permita la aprobación de los presupuestos y garantice algunos pactos de Estado en favor del sostenimiento del Régimen del 78? ¿Está en condiciones la clase política de propiciar la salida más razonable a lo que se nos viene encima?

Respuesta: ¡Uffff! ¿Con qué votos podría contar el PSOE para investir a Sánchez sobre la base de ese pacto transversal previo? Con los de la izquierda, no. Y con los independentistas, tampoco. ¿Alguien se imagina a Iglesias votando a favor de un presidente del Gobierno que haya pactado unos Presupuestos Generales con Pablo Casado? ¿O a los independentistas absteniéndose para hacer presidente a alguien que haya pactado mantener a raya el desafío del procés? Sánchez tendría que llegar a la Moncloa, necesariamente, con los únicos votos del PSOE y la abstención obligatoria del PP. La de Ciudadanos ya no basta y la de Vox es inimaginable. No hay otro camino. O Casado se aviene a abstenerse, o seguiremos como hasta ahora. Cuanto antes lo asumamos, mejor.

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