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Tiempo muerto

Ni los populares tienen musculatura suficiente para ejercer la iniciativa que el sistema le confiere a los partidos de Gobierno, ni los socialistas aciertan con las propuestas que son propias de los partidos de Oposición

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Mariano Rajoy, con Pedro Sánchez | EFE

Mucho me temo que se están empezando a dar las circunstancias para que sea inevitable la repetición electoral en Cataluña. Pero no solo por el galimatías en el que se han metido los independentistas -que también- sino por la imperiosa necesidad que tienen los dos partidos clásicos de desviar la atención de sus imperfecciones. El dichoso 'prusés' es un enemigo común. La proximidad para hacerle frente es obligatoria. Y, por desgracia, la intensidad del debate que provoca ese desafío entre unos y otros, constitucionalistas y separatistas, es tan caudaloso que no deja sitio para que aflore mucho más a la superficie de la confrontación política diaria.

Mientras se hable de Waterloo y de Estremera, de la República y la insumisión, de la voladura de España y el Régimen del 78, no tendremos la oportunidad de hablar de los muñones con que se pasean por la vida pública PP y PSOE. Pero que no hayamos tenido la oportunidad de hablar de ellos hasta ahora no significa que no existan.

De hecho, el hastío provocado por el bucle melancólico en el que ha entrado el culebrón catalán ha permitido que volvamos a intuirlos. Como si un relámpago hubiera iluminado la oscuridad de la noche de repente, hemos visto la instantánea de un PSOE roto por dentro, sin lañas en las grietas, que aún se niega a apiñarse en torno al liderazgo de un Sánchez desaparecido.

También se ha visto al PP, único soporte de un Gobierno inane, temblando de miedo por el futuro incierto al que les conduce un caudillo iluminado por su candil interior. Ni los populares tienen musculatura suficiente para ejercer la iniciativa que el sistema le confiere a los partidos de Gobierno, ni los socialistas aciertan con las propuestas que son propias de los partidos de Oposición. Los primeros están tan empecinados en cortarle las alas a Ciudadanos que apenas tienen discurso para más. Los segundos, mientras tanto, invierten las energías que les deja la lucha interna para competir con Podemos en ver quién de los dos mea más lejos en materia de demagogia social y exorcismos antifranquistas.

Si lo que ha de sustituir el debate sobre el futuro de Cataluña, mientras dure el bloqueo que ha impuesto el fantasma bruselense ensabanado con la legitimidad fantasmagórica de medio Parlament, es la debilidad parlamentaria de Rajoy o la incapacidad de Sánchez para hacerse con las riendas de la Oposición, mejor que volvamos -parecen haber concluido ambos- a la oscuridad que todo lo cubre. Es decir, a la campaña de otras elecciones autonómicas en Cataluña.

Añádase a esta petición de tiempo muerto por parte de los partidos de ámbito nacional la de reparto de nuevas cartas de los partidos de ámbito catalán y nos daremos de bruces con la conjunción astral necesaria para que la repetición de las elecciones se convierta en inevitable.

El problema de tapar la luz del relámpago con los nubarrones de otra contienda electoral es que el partido más perjudicado será el PP. Digo el PP, no Rajoy. Al presidente del Gobierno una nueva campaña electoral catalana le permite ganarle metros a la legislatura y encarnar, en el entretanto, el papel de coordinador institucional que demandan las circunstancias.

A su partido, en cambio, le provoca un doble desgaste: el que se deriva del fortalecimiento de Rivera, principal beneficiado de alargar el debate sobre la identidad española, y el que los electores le harán pagar no sólo por habernos traído hasta aquí sino por proponer soluciones tan ineficaces como la de la aplicación vergonzante del 155.

Al PSOE tampoco le favorece, pero está en condiciones de campear el temporal de mejor manera compensando el castigo en carne propia con los réditos que le aporta un castigo aún mayor a su vecino de la izquierda podemita.

Si Puigdemont y Comín no renuncian a sus actas de diputados autonómicos para que la suma de ERC y Junts per Cataluña pueda más que la de PSC, PP y Ciudadanos, el descuelgue de la CUP del frente independentista colocará en bandeja la coartada necesaria para volver a las urnas. Y no veo a casi nadie con ganas de desaprovecharla.

Pongámonos a temblar.

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