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M. Malkin

Laura contra los bibliotecarios dementes

Pasen y vean al bibliotecario del siglo XXI: radicales obsesionados con Bush, buenos con los libros y estúpidos en el mundo real.

M. Malkin
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Está programado que la Primera Dama Laura Bush, que sirvió como profesora y bibliotecaria de una escuela pública en los sistemas educativos de Houston, Dallas y Austin, hable en la conferencia anual de la Asociación Americana de Bibliotecarios (ALA) en Nueva Orleans la próxima semana.

La Primera Dama no planea hablar de nada relacionado con la política. El tema no controvertido de su panel es "El trabajo de las bibliotecas escolares: reconstruir para la enseñanza" tras el Huracán Katrina. No obstante, su simple presencia en el programa tiene echando humo a los activistas progres dentro de la ALA. Entre los mensajes de la lista de correo electrónico del ALA difundidos en el blog SHUSH esta semana, la perorata del consejero general de la ALA Mark Rosenzweig tiene que ser citada para poder ser creída:

Tengo que protestar, con la fatiga y la frustración que acompaña todo aquello que por previsto no es menos doloroso, por el hecho de que este acto convierta nuestra conferencia en un gran reportaje político para la administración del presidente George W. Bush, que ostenta una fuerte responsabilidad en, entre otras cosas que les recordaré, la catástrofe de la respuesta al huracán Katrina y sus actuales consecuencias.

La Sra. Bush es anacrónicamente llamada "Primera Dama", con el falso gentilismo que es la huella de nuestro culto provinciano de la Presidencia, pero lo que es, en términos políticos, sin que importe su, para mí, exceso bastante molesto de encanto y su tan publicitado apego a las bibliotecas como un modo no político de manifestar la generosidad de la Administración Bush, es la Primera Partidaria del Presidente Bush y uno de sus activos en relaciones públicas más valiosos... apoya virtualmente toda política de la administración de su marido: recortes fiscales para los ricos, la destrucción de la seguridad social y Medicare, la privatización del espacio público, los regalos a las corporaciones, el apoyo a la prospección por parte de las petroleras, la ocultación de los abusos de la industria farmacéutica, la invasión y ocupación de Irak (y las mentiras que se nos contaron para permitirla), el bloqueo de Cuba y las amenazas a Latinoamérica, la intimidación nuclear, la Patriot Act, vigilancia encubierta, los ataques contra la Carta de Derechos y toda la Constitución, la violación del derecho internacional, y, no lo olvidemos, 'Gitmo' y Abú Ghraib y Haditha.

Cuando la vea sonriendo como un anuncio en la plataforma que le hemos proporcionado sobre la tarima y complaciéndose en la larga ovación que a los norteamericanos les gusta dar a las celebridades, sepa que allí arriba están también las caras sonrientes de Bush y Cheney y Rumsfeld, y que cada palmada de las manos y silbidos y gritos ellos los toman –y los medios que serán testigos de esto– como aprobación a sus políticas y su administración.

Alguien ha estado inhalando demasiado líquido de fotocopiadora. Y no es el único.

Rosenzweig ocupó el cargo de clasificador jefe y encargado del archivo del "Centro de Referencia de Estudios Marxistas" en Nueva York. Encabeza una facción extrema de radicales de biblioteca que practican la apología en favor de Fidel Castro ("No creo que Cuba sea una dictadura. Es una república", ha dicho Rosenzweig). Los funcionarios de la ALA, además de reciclar propaganda desacreditada acerca de la Patriot Act, son detractores abiertos de todos los aspectos de la Guerra contra el Terror. El consejo legislador de la ALA ha aprobado resoluciones pidiendo la huida de Estados Unidos de Irak y es abiertamente hostil a la libertad de asociación de los Boy Scouts.

Como escribía David Durant, bibliotecario conservador de la East Carolina University, en un artículo de denuncia de la radicalizada ALA el año pasado: "Tras el 11 de Septiembre y la guerra de Irak, la profesión de bibliotecario ya no significa simplemente tender a ser de izquierdas; ha sido politizada abiertamente. Hacia 2004, trabajar en una importante biblioteca pública o académica norteamericana significaba encontrarte en una caja de resonancia de la extrema izquierda". Oradores populares de las conferencias de la ALA anteriores: los críticos de Bush Richard Clarke, RFK Jr., Gloria Steinem, y E.L. Doctorow. Un pase gratuito de la conspiratoria Fahrenheit 9/11 de Michael Moore congregó a más de 2000 personas, observaba Durant. Los disidentes son ridiculizados en las listas de correo de la ALA y en las conferencias.

Pasen y vean al bibliotecario del siglo XXI: radicales obsesionados con Bush, buenos con los libros y estúpidos en el mundo real. Esperemos que el servicio de seguridad de la Primera Dama venga preparado. Nunca se sabe lo que pueden tirarle tan tolerantes individuos.

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