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Históricos de ETA y etarras de hoy

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El jueves, Urrusolo explicaba a Garzón que llevaba 20 años “fuera” de su casa. Históricos de ETA como él, como Pakito o Antxón rompieron con su mundo desde el momento en que decidieron ingresar en la organización armada. A partir de ese instante, se recluían en la diabólica burbuja del terrorista. Sin embargo, los actuales comandos de ETA distan mucho --y mejor para nosotros-- de aquellos sanguinarios de los 80.

La desarticulación del "comando Barcelona" refleja esa diferencia cualitativa entre los históricos de ETA y los terroristas de ahora. Los detenidos en Barcelona mantenían lazos de amistad con personas del movimiento “okupa”. A Pakito, desde la cárcel, se le habrán puesto los pelos como escarpias al escuchar que sus cachorros confraternizan con jóvenes tan poco discretos como los okupas. Un “okupa” es carne de fichero policial y desde ese punto no será difícil tirar del hilo.

La detención de los presuntos miembros del comando Barcelona también deja un dato sorprendente: la Guardia Civil ha encontrado a García Jodrá en la misma provincia donde hace ocho meses consiguió huir de la Policía; fue el único miembro del anterior "comando Barcelona" que logró en el mes de enero eludir la acción de la Justicia.

Es difícil imaginar a un Urrusolo, “ya quemado”, sin moverse del lugar donde ha sido identificado por la policía; basta con mirar en la hemeroteca: en diciembre del 91 --por poner un ejemplo-- la cúpula de ETA no dudó en apartar a Idoya López Riaño del "comando Ekaitz" porque había sido identificada por la Policía. En menos de una semana, su compañero Urrusolo Sistiaga recibió a los sustitutos de la “Tigresa”. El 22 de diciembre, Urrusolo se reunía en la Basílica del Pilar de Zaragoza con quienes serían, desde aquel momento, sus nuevos compañeros de comando: Fernándo Díaz Torre y su novia Idoya Martínez García, conocida como “Olga”.

Todo parece indicar --si no, serían demasiado idiotas-- que García Jodrá durante estos ocho meses no ha permanecido en Cataluña; sería un objetivo demasiado fácil para la Policía. Por esta razón, es lógico creer que el miembro de ETA regresó recientemente a Barcelona, quizá hace tres días. Fue esta semana cuando la Guardia Civil lo identificó porque pudo reunirse con alguien a quien la Benemérita vigilaba; quizá ese alguien era uno de esos indiscretos “okupas”. Y por esta razón no parece que la investigación llevará preparándose desde hace tiempo, como ha dicho Rajoy. La suerte y la perseverancia han dado buenos resultados.

En esta operación de la Guardia Civil hay algún dato que resulta incluso gracioso y que ratifica el escaso nivel de los terroristas actuales: en el piso de García Jodrá, López de Ocáriz y Bengoa los agentes encontraban, entre otras muchas cosas, tres teléfonos móviles. Lo curioso es que, horas después de la detención de los tres presuntos terroristas, los teléfonos seguían sonando; quizá eran los del movimiento “okupa” que pretendían mostrar su solidaridad con los arrestados.

Es cierto que en los tiempos de Urrusolo no había teléfonos móviles pero, en cualquier caso, no es fácil imaginar a los etarras de los 80 llamando a la Policía desde una cabina para interesarse por sus colegas detenidos. Está claro que los tiempos han cambiado, incluso para los terroristas. Algunos como "Pakito" probablemente lo lamentarán.

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